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 Capítulo 11 (traducido por Anaid)

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Beauty
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MensajeTema: Capítulo 11 (traducido por Anaid)   Vie Jul 24, 2009 12:11 pm

11 EL ATAQUE, EL CALOR Y EL MISTERIOSO MOMENTO DESAPARECIERON.

No había rosas ahora, ningún fantasmal sonido.

En vez de eso, Miranda sintió como si una ráfaga de enojo se hubiera acabado, dejándola débil y temblorosa, pero marcadamente despejada de la cabeza. Ella recordaba cada detalle—cada aparición, esencia y sonido. Recordó como sus sentidos se agudizaron hasta casi dolerle antes de disminuir a la normalidad.

Pero ella estaba segura que el tiempo se había paralizado, aun así había pasado a través de ella.

Oh…Dios… ¿de verdad había dicho eso en voz alta?



Etienne se detuvo a medio camino. Ella podía ver la forma en que él la miraba—más allá de la curiosidad, más allá de la sorpresa, casi como si de repente se hubiera dado cuenta de quién—o qué—era ella realmente. Los otros, que intercambiaban cautelosas miraban, no se habían movido.

Fue Parker el que finalmente rompió el silencio. Golpeando ambas manos sobre sus rodillas, se dobló de una forzada risa.

“¡Hombre! ¡Eso estuvo genial! ¡Realmente te creí por un segundo!”

Pero la voz de Ashley mostraba un ligero temblor mientras le contestaba. “¿Parker, has perdido completamente la cabeza? ¿Cuál es tu problema?”

“¿Entonces, aun no lo captas? ¿La manera en que nos trajo hasta aquí? ¡Eso fue brillante!” Enderezándose, su sonrisa era de oreja a oreja. “¿Oye, Miranda, tomaste clases de actuación en tu antigua escuela? Pienso que tu deberías ser la guía en esta cosa de la Caminata Fantasma—quiero decir, ¡fuiste tan convincente como el infierno!”

“Um… ¿disculpa?” La mirada de Roo era tan condescendiente como su voz. “La realidad encaja aquí. No creo que haya actuado.”

“Bueno, claro que lo estaba. Ella—Parker se calló. Dándose cuenta de que era el único en reírse, observó la cara en blanco de Miranda, a Gage parado junto a ella con algo de incertidumbre, a la expresión fija de Etienne. Entonces, se rió de nuevo, solo que no tan alto como antes. “¿No le están creyendo esto verdad? Ella solo está jugando con nosotros.”

“¿Lo estás?” murmuró Ashley, su mirada de amplios ojos fija en Miranda. “¿Esto se supone que es parte del tour?”

Roo sacó un cigarrillo de un bolsillo, y cerillos de otro. Lo encendió, cruzó los brazos sobre su pecho, y exhaló una larga curva de humo.



Evitando la mirada de Etienne, Miranda forzó una divertida sonrisa. “Vamos, chicos ¿Cómo podría saber algo sobre la casa de ópera? ¿Lo podría haber leído en algún lado? ¿Cómo podría saber algo sobre estos edificios? ¿Lo podría haber odio de la tía Teeta?”

Ashley se vio inmediatamente aliviada. “¡Entonces estabas actuando! Oh, Miranda, eso fue muy bueno--¡en verdad lo tenias todo bajo control! ¡Te creí completamente!”

“Ella no estaba actuando,” Roo dijo de nuevo.

Pero Miranda no podía seguir escuchando. Ahora Etienne estaba al lado de ella y Gage estaba del otro lado, y estaba comenzando a sentirse atrapada. Tenía que alejarse de ahí.

“Lo siento” Fingiendo una mirada al reloj de Etienne, bajó los escalones y pasó a los demás. “No me había dado cuenta lo tarde que era—le prometí a mi tía Teeta que le ayudaría con algo. ¡Nos vemos después!”



Se apresuró a través de la ruta que habían tomado, sabiendo demasiado bien lo pobre que había sido su excusa. Creyó haber oído a alguien decir su nombre, pero no se detuvo, y no miró hacia atrás sobre su hombro. ¿Habría logrado convencer a los demás que ella había inventado esto? ¿Pero que más podría hacer ante un evento totalmente inesperado e imprevisto? Ella difícilmente lo creía— ¿cómo esperaba que ellos lo creyeran también?

A pesar de todo ella lo creía, porque esta vez fue diferente.

Esta vez ella no estuvo asustada o sola o confundida como lo había estado antes, cuando la voz habló, cuando los gritos vinieron. Esta vez no estuvo perdida en alguna pesadilla. Realmente había existido una casa de ópera, una tragedia real entre sus paredes, sin embargo no estaba segura de cómo o por qué ella lo sabía, estaba segura de ello ahora. Ella solo lo sabía.

Tenía que ir a casa. Tenía que escapar antes que—lo que fuera—le sucediera otra vez. Mientras aceleraba, se dio cuenta que había sólo una persona que la podría entender.

Tenía que hablar con el abuelo.



Miranda caminó aun más rápido. Rezaba porque nadie la siguiera, pero había pasos tras ella, volviéndose más constantes.

“¡Miranda! ¡Espera!”

Ella pretendía no escuchar. Cuando Etienne agarró su brazo, jadeó mientras la giraba para encararlo.

“Vamos, cher, ¿a dónde vas?”

“¡Fue un error!” insistió Miranda. “Lo que dije en la galería. No sé nada sobre ello— ¡lo invente!”

“Sabes que no lo hiciste.”

Ella trató de zafarse, pero él solo la sostuvo más fuerte. “Etienne, por favor—necesito hablar con mi abuelo. Necesito que me explique. Necesito entender qué es esto— ¿qué me está pasando?”

“El ya te lo dijo. Te puedes comunicar en formas que el resto de nosotros no puede. Con personas que nosotros no podemos.”

“Gente muerta.” Miranda apenas podía pronunciar las palabras. “Es lo que tratas de decir, ¿verdad? Que de pronto obtuve este—este horrible poder…”

“Regalo, cher.”

Mientras sus ojos se fijaban en los de ella con una inmensa calma, ella encontró imposible mirar hacia otro lado. Se preguntaba si esos ojos habían mostrado alguna vez el más mínimo indicio de temor. Se preguntaba por qué sus miedos parecían calmarse dentro de ella, dejando una pequeña quietud en su lugar.



“Entonces, se supone que tengo que creer eso. Y aceptarlo. Como si fuera perfectamente normal.”

“Si. Tu grand-père, el siempre los ayudó. Cuando tenían secretos que querían compartir. Cuando estaban sufriendo. Él era el único en quien podían confiar.”

El corazón de Miranda era un pedazo de hielo. “Por favor no me digas eso.”

“Necesitas escuchar la verdad. Y aparte se lo prometí.”

“Es una locura. Lo sabes, ¿verdad? Cosas como esta no le pasan a la gente normal.” Mordiéndose el labio, luchaba por contener las lágrimas. “¿Por qué el huracán tuvo que ocurrir? ¿Por qué tuve que venir aquí en primer lugar?”

“Porque,” Etienne le dijo gentilmente, “tal vez este es el lugar en donde debes estar.”

Sus solemnes palabras la golpearon profundamente. Claramente perpleja, ella miró hacia sus ojos de negra noche.

“Escuché lo que Jonas te dijo ayer,” le recordó Etienne. “Te dijo que no los ignoraras.”

Pensando nuevamente en esa extraña conversación, Miranda asintió de mala gana. “He escuchado cosas. Voces. Sonidos. Y esos gritos de los que te hablo mi abuelo. Y algo paso anoche, tambien—no puedo estar segura de qué era real y qué no.” Ella se detuvo, su ceño fruncido. “Y hoy. Sin aviso, sin tiempo para pensar. ¿Qué si pasa de nuevo?”

“Pasará de nuevo.”

“No me gusta ser sorprendida. No me gusta que la gente me mire y se burle de mí.”

Etienne sonó muy considerado. “Solo hay una persona a la que escuche reírse ahora. Y algunas personas, solo se ríen para ocultar lo asustados que están.”

Ella sabía que él se refería a Parker, pero eso no solucionó nada. “Parker no puede estar ni la mitad de asustado de lo que estoy yo.”

“Escúchame, cher” Deslizando los dedos bajo su barbilla, Etienne alzó su cabeza hacia la suya. “Tienes mucho sobre tus hombros ahora—demasiados pensamientos, demasiadas preguntas, un montón de cosas a las que acostumbrarte. Esto no parece real para ti—y probablemente no lo será por algún tiempo. Pero debes aceptarlo. Porque si tu no eres como tu grand-père, entonces nunca se irán las visiones.”

Su honestidad hizo muy poco para tranquilizarla. Se dio cuenta que el resto del grupo se aproximaba, y la urgencia de escapar aumentó.

“La tía Teeta me espera,” murmuró.



Liberándose, se alejó una vez más, determinada a poner la mayor distancia que pudiera entre ella y los demás. Gracias a Dios que no le faltaba mucho para llegar. Rodeó la ultima esquina y pudo finalmente ver la casa Hayes delante de ella. Ella vio el pulcro señalamiento que decía PROPIEDAD PRIVADA – NO TRASPASAR. Y vio un montón de gente reunida en la entrada y a través del jardín.

Eso era extraño…

Mientras Miranda corría, los vecinos seguían reuniéndose, todos hablando sospechosamente unos con otros mientras observaban la casa. Por primera vez ella divisó algunas patrullas y una ambulancia.

Con creciente pavor, se escabulló entre los curiosos y subió los escalones delanteros.

Fue su madre quien la recibió en la entrada. Su madre con una expresión muy seria, y el indicio de lágrimas brillaba en sus ojos.

“¿Mamá?”

“Es tu abuelo,” su madre dijo quedamente. “Se ha ido, cariño. Teeta lo encontró hace media hora…muerto en su recámara.”



FIN
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Capítulo 11 (traducido por Anaid)
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