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 Capítulo 18 (traducido por Anaid)

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MensajeTema: Capítulo 18 (traducido por Anaid)   Mar Sep 15, 2009 12:11 am

ALGUIEN ESTABA APRETANDO SU MANO. No, ambas manos, se dio cuenta Miranda—Gage en un lado, Etienne en el otro. Roo miraba a Ashley. Ashley miraba a Gage. Gage miraba a Etienne sobre el hombro de Miranda.

Fue Etienne quien rompió el asustado silencio. “Usted no tendrá ninguna foto de ella, ¿no?”

“¿De Madeimoselle Du Vrey?” La Señora Wilmington negó con la cabeza. “Ninguna aquí en el museo—bueno, al menos no fotografías actuales. Aparentemente, son un poco difíciles de encontrar, si existen. Algunos relatos escritos dicen que ella era algo fóbica sobre tomarle fotos o hacer algún retrato de ella. Pero hay algunos artículos del periódico que la mencionan—y creo que tengo algún programa del teatro. De hecho, podría incluso haber una pequeña caricatura de su rostro en el. Encontraran todo eso en nuestra exhibición de artes.”

Etienne señaló con la barbilla hacia la puerta. Sin decir palabra, todos caminaron de regreso al salón principal.

“Miranda, querida, creo que sabes que tu abuelito es—era—un ávido coleccionador de recuerdos de los Confederados.”

“Sí, lo era.” Imágenes de todas las cosas de su abuelo volvieron a ella. El santuario de la Guerra Civil. “Creo que a él realmente le gustaba coleccionar cosas.” Profunda declaración Miranda. Bueno, al menos eso es algo sobre él que sabes que es cierto.
La Señora Wilmington parecía intrigada con el tema. “Oh, sí, él estaba algo obsesionado con ello. No es difícil encontrar artefactos en esta área—gente siempre está descubriendo botones, balas y monedas antiguas. Pero tu abuelito encontró algunos verdaderos tesoros. De hecho, mucho de lo que ves ahora en el museo es prestado por él”

“Te lo dije. Aquí viene.” Murmurando entre dientes, Roo le dio un codazo a Miranda. La advertencia escapó la noticia de la Señora Wilmington.

“No puedo dejar de pensar lo que en su testamento decidirá hacer con todas estas preciadas cosas. Sería una lástima que terminaran en el ático de alguien, donde no pudieran ser completamente apreciadas.” La mujer se detuvo, frunciendo el ceño. “¿No supongo que sepas que otras interesantes cosas podría él tener en casa?”

Roo parecía peligrosamente al filo de responder cuando Gage se la llevó lejos de ahí. Mientras Miranda los seguía, ella pudo oír su sorda conversación.

“Ni siquiera lo pienses.” Gage

“¿Qué?” Roo

“No me hables así. Conozco esa mirada.”

“¿No escuchaste lo que le dijo a Miranda?”

“Lo escuche.”

“Ella es una—“

“Maldita sea, Roo, cállate.”

La Señora Wilmington todavía estaba hablando, pero Miranda la había dejado de escuchar. “Tómala…la rosa…” La Casa de Ópera La Rosa….rosas esparcidas por doquier…Ellena Rose. Entonces Nathan estaba hablando de un lugar y de una persona. Él quería entregarle un mensaje a la Señorita Ellena—Madeimoselle Du Vrey—en la casa de ópera.

Pensamientos y preguntas caían violentamente a través de la mente de Miranda. ¿Pero cuál es el mensaje? ¿Y cómo se supone que voy a entregárselo a alguien que vivió hace un siglo?

Ahora, ¿a dónde movemos ese espectacular? La voz de la Señora Wilmington volvió a ella. “Nosotros rotamos las exhibiciones aquí cada seis meses, ustedes saben –hay muchas cosas de interés, y simplemente no tenemos el espacio.”

Miranda trataba de llamar la atención de Etienne. Él estaba parado incomodo con Gage y Roo, mientras la Señora Wilmington seguía hablando ahora sobre las donaciones de caridad. Gage tenía el hombro de Roo fuertemente agarrado—cada vez que ella trataba de liberarse, él la sostenía más fuerte. Miranda sintió como si las paredes se estuvieran cerrando. Necesitaba tomar un poco de aire. Necesitaba—

“¡Miranda tenias razón!” Con un cómplice susurro Ashley tiró de su brazo. “¡Es fantástico! ¡Tenias razón sobre todo eso!”

“Por supuesto que la tenia,” murmuró Etienne, dándole un guiño a Ashley. Él finalmente consiguió alejarse del sermón de la Señora Wilmington. Ahora, mientras el teléfono sonaba y la mujer corría a contestarlo, Roo y Gage rápidamente lo siguieron.
“¡Oigan Miranda tenía razón!” dijo otra vez Ashley, pero Miranda no compartía su entusiasmo.

“Ok, entonces tenemos un nombre. ¿Pero cómo resolveré el resto?”

“Con tiempo,” Etienne le recordó. “Fue de la misma manera para Jonas, ¿cierto? Él me dijo cuan frustrado había estado, pensando que había descubierto algo, entonces teniéndolo que hacer todo de nuevo. Pero con tiempo—y práctica—él tuvo más sentimientos sobre ello, fuertes sentimientos sobre ello. Con tiempo él empezó a creer que él sabía.”

Antes de que la discusión se prolongara, la Señora Wilmington volvió de su oficina. Ella los dirigió hacia unos documentos enmarcados en la pared, en donde todos se reunieron.

“Aquí están los artículos, comentarios principalmente, nada realmente personal—y aquí está el programa de teatro. Ah sí, con este pequeño boceto de Madeimoselle Du Vrey, del que estoy segura es poco favorecedor y absolutamente no le hace justicia alguna. Además, hay algunas más fotografías de la casa de ópera. No tomas interiores, desafortunadamente.”

“¿Qué hay del incendio?” preguntó Etienne “¿Usted dijo que la casa de ópera se incendió durante la guerra?”

“Sí, pero no por ninguna batalla. No creo que nadie esté completamente seguro de qué comenzó el incendio. Oh, hubo especulaciones, por supuesto—actores celosos, enamorados despreciados, empleados descontentos, soldados borrachos—todo el camino hacia un descuidado cigarro tirado o una lámpara tirada accidentalmente. Por suerte, no había presentaciones esa noche, entonces no había público presente. Pero había algunos ensayos en marcha.”

Miranda solo estaba medio escuchando. Concentrada en el programa, ella miraba el crudo boceto de Ellena Rose que aparecía al lado del nombre de la diva. Hermosa piel. Tú tenías una hermosa piel…

Desconcertada, ella trato de regresar pero no pudo. Ella se dio cuenta que el aire se había vuelto bochornoso, y la conversación a su alrededor se volvió un leve, indistinguible murmullo. Ella no podía quitar sus ojos del rostro de Ellena Rose.
Hermosa piel…pelirroja…ojos verdes—no. Uno azul y uno verde…encantadores e irresistibles…

“¿No hubo representación?” Miranda volvió al presente. Su propia voz estaba hablando en voz alta, y ella era completamente coherente, totalmente consciente que el tiempo no había pasado. “¿Entonces, nadie resultó herido?”

Por un breve segundo, la Señora Wilmington parecía frustrada. Entonces, con una compungida sonrisa dijo, “Dios mío, me estoy adelantando. Sí, la casa de ópera fue cerrada al público esa noche—pero Madeimoselle Du Vrey estaba en su camerino.” Como si el momento justo, el rostro de la mujer se volvió desconsolado.

“Pobre cosita. Tan joven. Una tragedia.”

“¿Ella murió?” Aunque los demás se miraban unos a otros en sorpresa, Ashley estaba cerca de las lágrimas.

“¿Desgarrador, no es así? Una mujer joven como ella, con todo para vivir…el mundo entero a sus pies…toda una vida por delante—“

“Toda su historia terminada,” murmuró Roo, antes de que Gage pudiera detenerla.
La Señora Wilmington prosiguió gravemente. “Aparentemente el fuego se esparció muy rápido, todo era una total confusión y pánico. Con el tiempo, cuando alguien se puso a buscar a Madeimoselle Du Vrey, era demasiado tarde. Ella se quedó atrapada en su camerino esa terrible noche. Ella pereció en las llamas.

“¿Quemada?” la mirada oscura de Roo se volvió curiosa. ¿O inhalación de humo?”

La Señora Wilmington se estremeció. “Su cuerpo fue recuperado al día siguiente.”

“¿Y todo el mundo estuvo seguro de que fue un accidente?” preguntó Gage.
“Eso es lo que la historia nos cuenta.”

“Pero la historia no es siempre correcta,” Etienne alzó la voz “Mucha de la historia se pierde solo con contarla, ¿verdad?”

Tras una breve vacilación, la voz de la mujer se volvió más fuerte. “Los tiempos cambian muy poco. Las tragedias ocurren—de muchas maneras. Algunas personas simplemente se autodestruyen. Algunas personas tienen todo lo que siempre quisieron, y todo por vivir, y aun así lo tiran por la borda.”
Un incomodo silencio llenó el salón. Miranda sospechaba que la Señora Wilmington se estaba refiriendo a Parker, y por las expresiones de los demás, ellos aparentemente tambien lo pensaban.

“¿Entonces como la gente de por aquí no sabe de la casa de ópera?” Etienne sutilmente cambio el tema. “Yo, he vivido mi vida entera aquí, y nunca he escuchado a nadie hablar de ella.”

“Ni siquiera está marcada,” Añadió Gage “como otros de nuestros lugares históricos”
El asentimiento de la Señora Wilmington fue de entendimiento. “Creo que es principalmente porque el edificio principal—o debería decir, la mayoría del edificio principal—no estaba más allí. Una vez que se incendió, se quedó en ruinas hasta mucho tiempo después de la guerra. No tenemos forma de saber cuánto quedo de él, o qué partes fueron recuperadas y reconstruidas en la galería. Supongo que es irrealista esperar que las cosas duren por siempre. Pero me temo que uno de estos días, la Rosa ni siquiera sea un recuerdo.”

“Eso es muy triste.” Otra vez Ashley contuvo las lágrimas. “Pobre Ellena Rose. Nadie debería ser olvidado de esa manera.”

“Pero ella no ha sido olvidada,” murmuró Miranda.

Ella se dio cuenta que Etienne la miraba, acercándose, escuchando cada palabra. Ella lo miró, su rostro solemne.

“Nathan nunca olvido a Ellena Rose. Es por eso que él sigue así.”

“Lo siento Miranda,” la Señora Miranda sonrió cortésmente. “¿Estabas preguntándome algo?”

“Probablemente deberíamos irnos,” dijo Etienne.

Ashley, sin embargo, no pudo resistirse a mirar otra vez las fotografías en la pared. “La casa de ópera era un hermoso edificio. ¿No amarían escuchar todas las historias que podría contar?”

La mamá de Parker parecía entretenida. “No todas ellas respetables, me imagino.”
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MensajeTema: Re: Capítulo 18 (traducido por Anaid)   Mar Sep 15, 2009 12:16 am

“¿Por qué dice eso?”

“¿Ashley?” le pidió Gage, pero la Señora Wilmington estaba otra vez en su elemento.

“Las damas protagonistas frecuentemente entretenían pretendientes en sus camerinos. La gente debía ser discreta y mirar hacia otro lado.”

“Apuesto que entretuvo a muchos hombres,” decidió Ashley “Apuesto que tenía muchos amantes.”

Roo apretó los dientes. “¡Ash, vámonos!”

“No, espera un minuto, esto es muy interesante. Quiero escucharlo.”

“Sí, sin duda muchos amantes,” continuó la Señora Wilmington. “Mujeres como ella debían ser constantemente—y ardientemente—perseguidas.”

Mientras continuaba su discusión, Miranda comenzó a acercarse a la puerta. Una extraña inquietud se había apoderado de ella, como si de repente el cuarto fuera demasiado pequeño, como si un sentido de urgencia tratara de llamar su atención. Sus pensamientos giraban, conectados por el más frágil de los hilos—ella necesitaba desenredarlos. Ahora, ahora antes de que se desvanecieran y desaparecieran, como la casa de ópera la Rosa.

Afuera el ardiente calor era implacable. Se recargó contra la pared de ladrillo del edificio y cerró los ojos contra el sol, demasiado distraída para notar que Etienne la había seguido.

“Hey, cher, ¿estás bien?”

Sobresaltada, le tomo un segundo enfocarse en su rostro. “Está ahí, Etienne. Respuestas…razones…todo está ahí. Nathan, la Señorita Ellena, el mensaje—todo lo que tengo que hacer es poner las piezas juntas y hacerlas encajar. Pero no sé cómo.”

Ella pudo ver la frustración reflejada en sus ojos. ¿O era su propia frustración? Ella no podía estar segura, y cuando lo miró de nuevo se había ido.

“No sé cómo.” Ella repetía irritada.

“No tienes que saber eso ahora. No tienes que hacer eso ahora.” La mirada de Etienne era firme, su voz calmada. “Tienes el velorio esta noche, y el funeral mañana. Eso es suficiente para manejar.”

“Tuve otra visión. En el museo. Mientras miraba el programa de teatro.”

“Por eso viniste aquí afuera.” Su semblante se suavizó.

Él levantó una mano hacia su rostro, entonces la regresó cuando se abrió la puerta principal. Casi culpable, Miranda se alejo para hacer espacio a los demás en la calzada.

“Bueno, estoy más que feliz por que hayan pasado por aquí hoy,” dijo la Señora Wilmington, sin embargo Ashley parecía ser la única que la escuchaba. “Y estén seguros de hacerme saber si hay algo más en lo que pueda ayudar. Cualquier cosa.”

Gage y Etienne tenían su propia conversación en el bordillo. Roo bostezaba. Impaciente por llegar a casa, Miranda comenzó a caminar yendo y viniendo, pasando la ventana principal del museo.

“Oh Dios mío.”

Fue solo un vistazo, pero fue suficiente para detenerla. Para congelarla ahí con ambas manos en el cristal mientras los otros curiosamente se apretaban a su alrededor.

“¿Qué pasa?” Gage estuvo ahí primero, tratando de seguir la dirección de sus sorprendidos ojos. “¿Qué estas mirando?”

“A él.” Murmuró Miranda.

Su dedo temblaba mientras señalaba la fotografía. Una vieja, amarillenta fotografía de soldados Rebel. El estaba parado en la última fila, apiñado en medio de muchos otros, pero orgullosamente sosteniendo las riendas de dos magníficos caballos. Su uniforme gris colgaba demasiado flojo en su delgada complexión; su rostro solo era visible por debajo de la visera de su gorra. Y a pesar de que la calidad de la foto era pobre –la mayoría de ella descolorida hasta casi obscurecerse—Miranda podría reconocerlo en donde fuera.

El Soldado Gris. Nathan.

Él era sorprendentemente atractivo—nada como el sombrío, perseguidor espectro de sus visiones. Aun así los ojos eran los mismos—ella lo podía ver ahora—y el pálido cabello era el mismo, y los labios, relajados en una natural sonrisa, eran definitivamente los mismos labios que le habían hablado.

“A él,” ella murmuró otra vez.

Su dedo estaba temblando aun. Los dedos de Gage se cerraron sobre él y le rogó que lo bajara.

Tan jóvenes, tan determinados, todos esos soldados. Tan fuertes y llenos de vida. Ningún pensamiento de miedo ahí, ninguna vacilación; ningún pensamiento de muerte o de perder la guerra. Tan certeros de un rápido regreso a casa, a sus seres queridos y al mundo que ellos siempre conocieron.

Con los ojos nublados, Miranda se enfocó en el familiar rostro. Él parecía feliz. Entonces, liberando su mano de Gage, tocó el cristal una vez más.

“¿Señora Wilmington, quién es él?”

Reajustándose los lentes, la señora miró sobre el hombro de Miranda. “¿Quién? ¿El hombre de aquí?”

“Sí, él.”

“Dios mío, no tengo idea. Algún pobre soldado Rebel, por supuesto.”

“¿Sabe en dónde fue tomada?”

“Hmmm…bueno…debió haber sido en una de esas antiguas casas del Brickway. O cerca de ahí, en algún lugar. Ya que muchas de ellas se parecen, tú sabes. Y desafortunadamente, algunas fueron derrumbadas antes de que pudiéramos salvarlas.”

Pero Miranda estaba apenas escuchando. Ella contuvo la respiración y batalló para pronunciar las palabras.

“Esa es nuestra casa. La casa Hayes.”

“Estas jugando.” Gage miraba de ella a la fotografía. “¿Estás segura?”

“Estoy segura. Quiero decir…estoy muy segura—“

“No lo creo, Miranda” Ashley se sintió triste por no estar de acuerdo. “Esa ni siquiera se parece a tu casa.”

Notando la mirada pensativa de Etienne, Roo se encogió de hombros.

“Esa es la casa Hayes.” Dijo firmemente Miranda.

Cierto, no era exactamente la casa Hayes de ahora. Un color diferente, diferentes ventanas, ligeramente de diferente forma. Parecía más pequeña, y se situaba al final de un sucio camino, los techos de algunas dependencias escasamente visibles al fondo. No había ninguna pared detrás bordeando el parque, no había muchos árboles, no había jardines. Pero ella sabía que era la misma casa Hayes.

“¿Cómo puedes estar segura?” le preguntó Gage.

Puedo sentirlo. Lo sé.

“Esta fotografía es de la colección de tu abuelo,” la Señora Wilmington ofreció esperando ayudar. “Él mantenía excelentes archivos—documentaba todo. La fotografía sería muy fácil de rastrear.”

Aunque Roo lanzó una mirada a Miranda, ninguno de ellos habló. Solo la Señora Wilmington, quien comentó otra vez sobre la fotografía.

“Yo especialmente amo los uniformes de los oficiales, ¿ustedes no? Tan sofisticados, tan de la nobleza. Y este oficial de aquí…”
Miranda no había prestado atención al hombre del frente. Alto y distinguido, pero con el sombrero inclinado elegantemente, él tenía cabello obscuro, obscura perilla, y un largo y obscuro bigote, impecablemente recortado.

“Este era Travis Raleigh Fontaine,” terminó la Señora Wilmington. “Él era un muy conocido, oficial Confederado de alto rango. Casi el hombre perfecto de su época. Pero eso lo puedes decir solo con verlo.”

Tratando de ser discreta, Miranda hizo un gesto a Etienne. Su inquietud empeoraba, pequeños alfileres y agujas por todo su cuerpo, pero había algo sobre esta fotografía—¡algo importante!—algo más que ella no podía descifrar…

“Noten su fajín.” La Señora Wilmington estaba claramente enamorada. “El corte de sus ropas, el brillo en sus botas. Y por supuesto, un verdadero caballero sureño nunca está completamente vestido sin su reloj de bolsillo.”

Rodando los ojos, Roo tiró de la parte de atrás de la camisa de Gage. “Sálvame,” murmuró. “No puedo resistir más.”

Gage alejó su mano. Roo tiró con mayor determinación de su bolsillo trasero.

“De hecho puedes ver la cadena aquí.” La mamá de Parker tocó la ventana, demandando su atención.

“Aun en blanco y negro, la cadena parece brillar. Oro solido, ya sabes.”

Inclinándose hacia adelante, Ashley se esforzaba para ver. “¡Realmente brilla! Oh, creo que los hombres con relojes de bolsillo eran realmente guapos.”

“Distinguidos, sin duda. Un reloj de bolsillo y una cadena eran tan únicos como el hombre que los poseía. Toma las cadenas de reloj, por ejemplo. Tenían diferentes longitudes dependiendo en dónde sería usado el reloj. En el bolsillo del chaleco, tal vez. O en el bolsillo de los pantalones. Había también algunas cadenas más cortas, que ataban al reloj a un pequeño ornamento llamado faltriquera—y que a su vez anclaba el reloj a un bolsillo lateral. Pero sin importar su longitud, la cadena aseguraba que el reloj fuera fácil de manejar y no se perdiera.”

Algo… Miranda se frotaba las sienes. Algo… ¿qué era? Había ahí…respuestas…si tan solo—

“¿Todas las cadenas eran tan lujosas como esta?” preguntó Ashley.

La Señora Wilmington estaba entusiasmada por colaborar. “Oh no, podían ser hechas de distintos materiales.”

El cuerpo de Etienne se tensó. Miranda sintió la captura rápida de sus músculos…el deslizar de sus manos hasta su espalda… mientras el lentamente apretaba sus hombros. Y sintió que la comprensión los había golpeado a ambos exactamente al mismo tiempo.

“Podían ser completamente de oro o platino,” la Señora Wilmington continuo. “O costosa piel, o adornado con piedras preciosas. Pero algunos eran más simples—un listón o una simple correa. Incluso hilo. Oh, y algunas mujeres incluso los tejían con su propio cabello.”

El silencio fue repentino y bochornoso. Cinco cuerpos se mantenían juntos por una corriente de shock.

La Señora Wilmington no tenía ni idea de la respuesta que había obtenido. Ella golpeó otra vez el vidrio de la ventana.

“Si, de hecho,” ella dijo. “Esa era la verdadera devoción. Tener una cadena de reloj tejida con el cabello de tu novia.”

Fin
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Capítulo 18 (traducido por Anaid)
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