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 Capítulo 3 (Traducido por Anaid)

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Beauty
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MensajeTema: Capítulo 3 (Traducido por Anaid)   Jue Jun 11, 2009 9:53 am

3 “¿QUÉ PASA MAMÁ?”

Miranda se detuvo en la puerta y miró a su madre, que estaba parada en mitad de la sala, hurgando frenéticamente dentro de su bolso. El apartamento en el que vivían era pequeño y congestionado—algo apretado para las camas gemelas, el antiguo sofá, la mesa, sillas y el gran armario que había sido traído de la casa principal. Dios esto era deprimente.

Sus ojos recorrieron el cuarto, fijándose en la cocina situada en una esquina que estaba amueblada con una pequeña estufa, microondas, mini refrigerador y una estrecha alacena; los cordones pasados de moda de las cortinas en las ventanas; las fotografías enmarcadas en tono sepia que colgaban de las rosadas paredes. Un florero con claveles rojos en la engrasada mesita de café. Y aunque la tía Teeta había hecho su mayor esfuerzo en hacer parecer el lugar hogareño y confortable, aun con esos delicados toques no se podía disimular el olor a viejo y moho, o el implacable calor.

-“Hola cariño, ¿cómo te fue en la escuela?” le preguntó su madre aun hurgando en su bolso, mamá ni siquiera se molestó en mirarla. “¿Puedes creer que tengo una entrevista de trabajo en cinco minutos y no puedo encontrar las llaves del carro de tu tía Teeta?”
-“Mamá—“
-“Lo sé, lo sé. El calor es terrible. De todos los días que tiene el aire acondicionado para descomponerse escogió este, creo que tu tía ya llamó a alguien para que lo arregle, así que puse este pequeño ventilador, entonces—“
-“¿Cómo pudiste mamá?”

Cambio perdido, pañuelos arrugados cayeron del bolso hacia el piso. La mamá de Miranda dio un grito de frustración y se inclinó para recuperarlos.

-“¿Cómo pude qué, corazón? ¿Dejar que se descompusiera el aire acondicionado? ¿Desde cuándo sé algo de cómo repararlos? Está bien, siendo honesta— ¿crees que esta blusa es adecuada? ¿Lo suficientemente formal? Tuve que tomarla prestada de Teeta, así que es un poco grande y – Oh casi lo olvido. Ella te compró algunas cosas durante su descanso, no es linda? Te compró algunos shorts y playeras que pensó te gustarían.”
-“¿Por qué no me dijiste?”
-“¿De la ropa? ¡Porque quería que fuera una sorpresa!”
-“No estoy hablando de mi tía Teeta. ¡Hablo de la forma en que me mentiste!”
-“¡Mentido?” Mamá prestó ahora toda su atención. Enderezándose ella miró a Miranda con cara de perplejidad. “¿Cuándo? ¿Sobre qué?”
-“Sabes sobre qué. Abuelo.”

El cambio fue inmediato en el rostro de su madre. Un lindo rostro, Miranda siempre lo había creído – y aun parecía increíblemente joven, a pesar de las líneas, ambas de risa y dolor que se formaban alrededor de esos amplios ojos violetas ; a pesar de las grises canas que acentuaban su negro cabello a la altura del hombro. Pero mientras Miranda la contemplaba, los labios de su madre se endurecieron y esos hermosos ojos brillaron con furia.

-“¿Qué hay con tu abuelo?” La voz de su madre se volvió helada, pero Miranda insistió.
-“¡Todos en la escuela saben de él! ¡Todos en el pueblo saben de él! ¡Todos menos yo! ¿Cómo pudiste? ¡Cómo me lo pudiste haber ocultado!”
-“Miranda cálmate. Yo solo… “Tomando una respiración profunda, mamá miro el reloj que estaba al lado del fregadero de la cocina. “Mira, no tengo tiempo para hablar de esto ahora. Tu tía Teeta se metió en muchos problemas al tratar de conseguirme esta entrevista, así que debo irme.”
-“¡Esto es importante!”
-“Bueno, de momento esto es más importante. Necesitamos dinero para poder pagar nuestro propio apartamento.”
-“¿Cómo una estúpida entrevista de trabajo—o un nuevo apartamento—que los problemas mentales de mi abuelo?”
Miranda estaba gritando ahora, pero el tono de su madre fue inexpresivo. “Lamento que hayas escuchado esos rumores. Y estoy segura de que tienes preguntas.”
-“Dios mío, mamá. ¿Eso crees?”
-“Pero no te puedo contestar ahora. Hay mucho de qué hablar, y necesitamos tiempo. Tal vez hablaremos cuando regrese.”
-“No sé si estaré aquí. Tengo un proyecto escolar. Tengo que reunirme con unos amigos para estudiar.”
-“Entonces hablamos mañana. Un día no marcará la diferencia.”
-“Por supuesto que no. ¿Qué es un día comparado con 17 años?”
Ella miró como los labios de su madre se abrían, y se cerraban al instante. Observo como su madre caminaba hacia ella y la trataba de tocar y aun así Miranda se alejó.
-“No quería que te enteraras de esta manera.” Su mamá comenzó, pero Miranda la cortó.
-“¿De qué otro modo me iba a enterar?”
Hubo una larga pausa. Y entonces mamá dijo firmemente, “No quiero que discutas esto con nadie. No importa lo que la gente te pregunte, no importa lo que la gente diga. Esto es un asunto familiar privado, y no es de la incumbencia de nadie. ¿Entendiste?”
Miranda no contestó. El nudo que se formaba en su garganta era como algodón seco, y cerró sus ojos para contraer la picazón que le provocaba el llanto de furia que estaba por salir. Aun cuando la puerta se cerró, ella negó a darse vuelta—no hasta que su mamá estuviera completamente alejada.
-“Nunca volveré a confiar en ella. Nunca, mientras viva.”
Echó el pestillo de la puerta, y se recostó lentamente en el sillón. Podía escuchar el suave zumbido del ventilador, pero ninguna brisa refrescó el aire a su alrededor. Se sentía atrapada, con el corazón roto. Cuando algo húmedo descendió sobre su mejilla, no pudo asegurar si era sudor, lágrimas, o ambas.
-“No hay manera en la que pueda quedarme aquí. Moriré si me quedo.”
Aquí con todas las mentiras, pena, preguntas y secretos rodeándola. Aquí, con todos los que señalaban, murmuraban y chismeaban a sus espaldas. Suficientemente malo era ser la nueva chica del pueblo, la refugiada del huracán, la extraña— ¿pero ser también la nieta del loco del pueblo?

-“Soy más que un monstruo. Soy un completo alíen.”


Última edición por Beauty el Jue Jul 09, 2009 12:18 am, editado 3 veces
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MensajeTema: Re: Capítulo 3 (Traducido por Anaid)   Jue Jun 11, 2009 9:54 am

De regreso a casa, antes del huracán, ella había tenido muchos amigos—Marge y Joanie especialmente. Las tres eran indivisibles y totalmente inseparables. Eran populares y listas—todas ellas alumnas del cuadro de honor. Frecuentaban los mismos clubs, eran voluntarias de los mismos comités, ganaban reconocimientos académicos, y hasta salían en triple cita siempre que podían. Estudiaban juntas, iban de compras juntas, pasaban horas en la playa hablando y deseando y planeando su futuro. Y ahora era como si nunca hubieran existido. Como si todo hubiera sido un sueño.
De ellas tres, la casa de Joanie fue la única que se mantuvo en pie después del huracán. Algunas singles se habían ido y habían volado algunas ventanas, pero el agua solo alcanzo a inundar el porche delantero y una pequeña parte de la sala. Nadie esperaba que la tormenta fuera tan fuerte, tan destructiva, tan mortal. La gente había tomado las precauciones usuales, costales de arena, cubrir los bordes de puertas y ventanas, el usual abastecimiento de comestibles y agua. Se sentían confiados de quedarse en casa y enfrentar el huracán como lo habían hecho siempre. Solo que este huracán fue diferente. Y cuando la gente se daba cuenta de lo diferente que era, ya era demasiado tarde.
Las playas, por supuesto, fueron las primeras en destruirse. Hogares y negocios, muelles y botes, hoteles repletos de turistas—todo se sacudió como si fuera confeti, todo se hundió. Agachada junto a su madre debajo del colchón, Miranda sintió como su casa se derrumbaba en pedazos alrededor de ella. Después ella se preguntaba cómo habían sobrevivido a todo eso. Ya que muchos no habían podido.
Amigos, vecinos, mascotas—en el recuento de la tormenta, cuando el número de muertes fue revelado, el shock y la pena eran insuperables. Sin hogares ni posesiones materiales, sin lo más básico, miles de personas se dirigieron indefensos a los sobrepoblados refugios, y su una vez bella comunidad se convirtió en terreno baldío.
Miranda aun no podía recordar todo lo que había sucedido después de la tormenta. Solo que el padre de Joanie las había rescatado transportándolas fuera de los escombros. Por una semana Miranda, su madre y la familia de Marge habían estado viviendo juntos en casa de Joanie, discutiendo sus opciones y qué debían hacer. Mientras los adultos decidían su futuro, Miranda y sus amigas se abrazaban y lloraban. Dios, como las extrañaba.
Joanie aun estaba en Florida. Miranda la llamó el primer día que llego a St. Yvette y las dos volvieron a llorar. Marge y su familia estaban con unos amigos en Wisconsin, Joanie le dijo eso y le dio su dirección y teléfono.
-“Mamá dice que no puedo sobrepasar el recibo de larga distancia de la tía Teeta.” Miranda contuvo una nueva ola de lágrimas. “Y sabes que ya no tengo celular ni computadora. No sé cuanto podre llamarla.”
La voz de Joanie era pesada y triste. “Muchas personas se han ido. Muchos de nuestros amigos. No nos graduaremos juntas, pero Miranda, debemos seguir en contacto. Debemos. Promételo, prométeme que siempre estaremos en contacto.”
-“Lo prometo.” Aun cuando lo había prometido, Miranda sabia dentro de su corazón que las cosas no volverían a ser iguales. Que ella Marge y Joanie nunca serian las mismas. Me pregunto… ¿que estarán haciendo ahora? ¿Pensaran en mí? ¿Me extrañaran tanto como yo?
Dolía demasiado recordar. Cada vez que lo hacía, su corazón se volvía a romper. Nadie entendía lo infeliz que era, lo sola que se sentía. A nadie le importaba. Odiaba sentir lástima por sí misma, pero ya ni siquiera sabía quién era ella.
Lo peor era la vergüenza. Este lamentable apartamento arriba de un garaje, el pequeño pueblo. Folletos, caridad y tener que pedir cualquier cosa. Y ahora esto… un abuelo lunático.
Por mucho que amara y extrañará a sus amigos, dudaba en volverles a hablar de nuevo. No hasta que tuviera algo por lo que estar feliz, no hasta que su vida fuera mejor. Que entonces significaba nunca.

Empujando esos pensamientos fuera de su cabeza, Miranda se levantó del sillón. Dio solo un par de pasos cuando de repente se paró, frunciendo el seño, oliendo el aire.
“¿Humo?”
Ese lejano atisbo de humo otra vez… la misma cosa que olió el día en que ella y su madre llegaron al pueblo. Justo como antes, no más de un pensamiento –y el olor había desaparecido. Intrigada atravesó el cuarto y abrió la ventana que estaba sobre su cama.
No había humo allí.

El apartamento se encontraba a cierta distancia detrás de la casa Hayes —allí era donde vivía su abuelo y la tía Teeta, Miranda solo podía ver una parte de ella a través de una gran extensión de césped y los arboles de maple cubiertos de musgo que lo ensombrecían. Por supuesto, ella no tenía idea de cómo se vería la casa por el interior—ella tenía prohibido poner un pie en la puerta. Pero a las afueras había viejos arboles nudosos, bancas de metal para sentarse y una sombría vereda con altas columnas de ladrillos. Había azaleas al frente y un jardín herbal atrás de la casa; y por las noches el perfume de aquellas adorables plantas que empapaban el caliente aire húmedo flotaban en dirección a su cama casi enfermándola por su dulzor aroma.
Atrás de la casa, el jardín se extendía aproximadamente por media hectárea antes de finalmente descender hasta una gran pared de roca y un parque colindante.
Miranda había escuchado todo acerca del parque Rebel. Era el lugar sagrado de descanso para los soldados sureños—no solo los de la Guerra Civil, sino de todas las guerras—y St. Yvette se consumaba en felicidad y orgullo. Una agradable mezcla de memorial y recreación familiar, abierto siete días a la semana pero enrejado seguramente durante la noche, un lugar en el que la gente podía utilizar los caminos para caminar, como para también mostrar sus respetos.
Desde aquí, la vista de Miranda consistía en frondoso césped, un tranquilo lago; la enorme estatua de un niño del tambor Confederado; y arboles de magnolias. Ella estaba contenta de que el cementerio se encontrara en el lado opuesto del parque. No podía imaginarse mirar por la ventana y verlo ahí, tan cerca, cada día.

De algún lugar a la distancia, débiles voces gritaban, muchas voces juntas, aun muy débiles para entenderlas. Al instante creyó haber escuchado una explosión de coche —una, dos…cinco veces. Pero decidió que debían ser niños jugando con petardos.
Se sintió insegura de repente. Nerviosa de estar sola, aunque no estaba segura por qué. Nunca había temido quedarse sola antes, pero no pudo dejar de pensar en ese misterioso olor a humo. Fuerte y después se desvanecía; desagradablemente real, con no más realidad que la de un sueño.

-“Estoy siendo ridícula”, la enojaba sentirse tan insegura. Enojada y vulnerable y furiosamente a la defensiva. “Seguro que me lo estoy imaginando.”

Un frio aliento toco la parte trasera de su cuello.
-“No”, una voz murmuró. “No estás equivocada.”

fIN
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Capítulo 3 (Traducido por Anaid)
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