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 Capítulo 14 (traducido por Anaid)

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MensajeTema: Capítulo 14 (traducido por Anaid)   Jue Sep 03, 2009 2:19 pm

14 DESPUÉS DE LA PLÁTICA DE MADRUGADA CON SU MAMÁ, Miranda durmió tranquilamente el resto de la noche, hasta se levanto más tarde de lo usual. Ella se paso la mayor parte del domingo en casa, conociendo y saludando a más vecinos, haciendo espacio en el refrigerador para más comida, anotando más nombres para las notas de agradecimiento. De vez en cuando vio a su madre sonreírle, dándole un apreciativo asentimiento. Desde que la tía Teeta estaba indispuesta para ayudarles, Miranda estuvo feliz de darle a su mamá el apoyo que tanto necesitaba.

Para su sorpresa, Ashley, Roo, y Parker aparecieron juntos, trayendo una perfectamente arreglada bandeja de canapés gourmet de la tienda favorita de la Señora Wilmington, una fresca olla de paella de parte de la mamá de las chicas—la señora Voncile—y un pay casero de Roo.
“No sabíamos exactamente qué clase de pay traer,” dijo Parker, su rostro perfectamente sereno. “Pero he oído que el detalle es lo que cuenta.”
Una ligero ceño se formó entre las cejas de Roo. Ella cambió las mechas de su cabello de morado obscuro a un brillante naranja.
“Es algo que nunca había intentado antes”, ella dijo solemnemente. “Está hecho con queso cottage.”
Ashley instantáneamente pareció alarmada.”No usaste el queso cottage que estaba en el refri, ¿verdad?”
“¿Qué otro queso pude haber usado?”
“Por el amor de Dios, Roo, eso ha estado ahí por semanas. Ya ha de estar podrido.”
“Bueno, pienso que el hornearlo debió haber matado todas las bacterias, si eso es lo que te preocupa.”
A pesar de la descripción de Parker sobre muerte por envenenamiento, Miranda le agradeció mucho por el pay. Pero después lo tiró en el bote de basura en cuanto se fueron.

Más tarde, empezó a sentirse atrapada. El flujo constante de visitantes había disminuido finalmente, así que salió al patio y se sentó en el columpio del porche, columpiándose adelante y hacia atrás, tarareándose a sí misma para dormirse. Cuando escuchó que decían su nombre, saltó violentamente, solo para encontrar a Gage sentado junto a ella.
“No era mi intención despertarte,” dijo él.
“No lo hiciste.”
“Uh, huh.”
“Yo solo estaba…pensando.”
“¿Siempre roncas cuando piensas?”
“Yo no estaba roncando.”
“Pude escucharte desde la calle.”
A pesar de su insistencia, ella vio la burla en sus ojos. Ella miró alrededor buscando al resto del grupo, pero aparentemente estaba solo.
“¿Te sentías algo atrapada?” él le preguntó.
“¿Es tan obvio?”
“La Taberna tiene las mejores hamburguesas del pueblo, si no te importa caminar.”
“Solo deja ir por mi bolso.”

Después de pedirle permiso a su mamá, Miranda estaba lista para irse. La Taberna estaba en el fin del lado opuesto al Brickway sobre una cuesta arriba, pero a pesar del calor, ella agradeció el aire fresco y el ejercicio. Gage no parecía tener ninguna prisa por llegar ahí. Lado a lado se colocaron en una tranquila caminata, discutiendo varios puntos de vista en el camino.

“Tu sabes, yo nunca pensé mucho sobre St. Yvette antes del proyecto,” confesó Gage.
“Yo tampoco pensé sobre mi propio pueblo. Creo que cuando vives en un lugar, solo lo das por hecho.”
“Ahora que estado haciendo algo de investigación, descubrí que realmente existe esta historia obscura. Cosas malas detrás de puertas cerradas. Edificios que se ven tan normales desde afuera…pero suceden terribles tragedias adentro.”
“Tu has estado investigando.” Ella esperó a que él mencionara la galería, pero no lo hizo.
“Es interesante. Triste a veces…terrorífico a veces…pero definitivamente interesante.”
“Yo ciertamente estoy de acuerdo con eso.” Otra vez ella jugó con la idea de confiar en Gage. Otra vez, ella se quedo callada.
“Es solo que nunca conoces a la gente, ¿tu sí?” Gage continuó muy seriamente. “Crees conocer a alguien muy bien. Entonces resulta que no lo conocías tan bien como pensabas. Tal vez nunca llegamos a conocer del todo a alguien. Aun a la gente que es cercana a nosotros. O quizás, especialmente a la gente que es cercana a nosotros.”
Sus labios esbozaron una sonrisa. “Tal vez es porque estamos acostumbrados a ver a las personas de cierta manera. De la manera en que queremos verlas. Es como si nos nublara la visión. “
Ahora era el turno de Miranda de reflexionar. “¿Alguna vez te has decepcionado? ¿Por personas que creías conocer?”
“Wow. Es una muy buena pregunta.”
“O… ¿has confiado en tus instintos, y después darte cuenta de que estabas totalmente equivocado?”
“Yo deje que Roo jugara al doctor conmigo cuando éramos pequeños.” Gage suspiró. “Desafortunadamente, se tomó muy en serio el papel de doctor. Decidió que mi piquete de mosquito necesitaba cirugía y cortó mi rodilla con un par de desafiladas tijeras.”
La expresión de Miranda cambiaba entre el dolor y la risa.
“Aun tengo la cicatriz.” Gage le lanzó una mirada de reojo. “Pero eso no es lo que estas preguntando, ¿verdad? Adivino que es algo relacionado con tu abuelo.”
De mala gana, ella asintió. “Solo deseo… ¿podrías decirme algo sobre él?”
“En realidad yo no lo conocí.”
“Pero debes saber algo sobre él.”
¿Estaba Gage poniéndose a la defensiva? Ella no lo supo decidir.
“¿Por qué no le preguntas a tu mamá?” Le sugirió. “¿O a tu tía?”
“No puedo, especialmente ahora. No con lo que están pasando.”
“Entonces habla con Etienne. El pasó tiempo con tu abuelo.”
Y confió en el, también, Miranda pensó inquieta. “¿Cómo se hicieron amigos?”
La única respuesta de Gage fue encogerse de hombros. Miranda decidió seguir intentando.
“De todos modos, ¿cómo está Etienne? Por lo de mi abuelo, me refiero. ¿Ya se comunicó contigo?”
“No. Él saldrá cuando esté listo.”
“¿Eres cercano a él?”
“¿Te refieres, a dónde vivimos?
“No, Roo me dijo que tu y el son primos. Solo me preguntaba si eras cercano a él.”
“Nadie es cercano a él,” Gage lo dijo como un hecho. “Pero si alguien fuera cercano a él, entonces creo que ese seria yo.”
“Entonces, ¿en donde vive?”
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MensajeTema: Re: Capítulo 14 (traducido por Anaid)   Jue Sep 03, 2009 2:20 pm

“Él y su mamá tienen un pequeño lugar abajo en el pantano. A una milla más o menos de The Falls.”
¿Debería admitir que Roo le había contado sobre el pasado de Etienne? “¿Qué hay de su papá?”
“Murió.”
Gage estaba mirando hacia el frente, aun así Miranda vio el sutil cambio en su expresión. El lento, tensarse de su mandíbula. La cuidadosa mirada fija. Casi como estuviera viendo algo que estuviera muy distante para que ella lo pudiera ver.

“Lo siento,” ella murmuró. “Eso es muy malo.” Entonces, después de una pausa de fracción de segundo, ella tomó la oportunidad. “¿Cómo sucedió?”
Otro encogimiento de Gage. Su mirada lejana nunca vaciló. “Tuvo un accidente.”

Ella se preguntó por qué Gage no entró en detalles. ¿Acaso era algún asunto personal que a él no le gustaba discutir? ¿Etienne le habría dicho que no dijera? Cualquiera que fuera la razón, Miranda tomó la indirecta y dejó el tema por la paz. Ella podía ver La Taberna ahora. Cuando llegaron, Gage abrió la puerta para ella, y entraron.

Encontraron un puesto vacio en una alejada esquina lejos del ruido. Miranda no pudo dejar de notar cuantas niñas levantaron la vista cuando Gage pasó –meseras y clientas por igual, diciendo su nombre, encantadas de obtener su atención. Miranda reconocía los serios coqueteos cuando los veía. Por otro lado, Gage parecía no darse cuenta de lo obvio.
Después de ordenar dos hamburguesas, los dos se acomodaron en sus asientos y hablaron de cosas sin importancia—el programa de voluntariado de la prepa, favoritos y no favoritos maestros, el equipo de futbol, películas que amaban, libros que odiaban, y al final, huracanes.

“Eso nunca le pasa a la gente que conoces,” dijo Gage. El mismo se colocó en la esquina, un codo descansando en la mesa, una Coca en su otra mano. “Es solo algo que siempre pasa en las noticias de las seis.”
“Tienes razón. Y es por eso que aun no lo puedes creer, aun cuando te sucediera a ti. Solo quisieras cambiar el canal y ver algo más.”
Un incomodo silencio vino después, como si Gage estuviera reuniendo el coraje para preguntarle algo personal. Cuando finalmente lo hizo, Miranda fue tomada con la guardia baja.
“Yo…he estado pensando. Es decir, sobre tu y…” Gage evitó el contacto visual. “Creo que tu realmente extrañas a todo el mundo. Y la forma en que era tu vida antes.”
Gracias a Dios el no la estaba mirando. Era lo único que podía hacer para retener las lágrimas. “Todo se ha ido. Nada volver a ser igual.”
“Lo siento.” La voz de Gage fue baja.
Y entonces, sin avisar, la necesidad de hablar de ello fue abrumadora. “Perdimos todo cuando pegó el huracán. Nuestra casa, los muebles, el carro, la ropa. Cosas de diario de las que casi nunca piensas. Probablemente no veré a mis amigos otra vez durante un largo tiempo. Tal vez nunca. Y solo está este gran vacío en mi corazón.”
Gage guardó silencio, pero sus ojos se volvieron tristes.
“Sé que mamá está preocupada por el dinero también. Es decir, acaba de encontrar un trabajo ayer, pero sé que mi tía Teeta nos está ayudando mucho.” Miranda hizo una pausa, avergonzada. No supo porque le había dicho eso; no sabía por qué le estaba contando todo esto. Mientras la mesera ponía la comida, ella agradeció la interrupción; otro segundo y ella estuviera llorando incontrolablemente. No más momentos de debilidad, Miranda. Era muy arriesgado, sentir tanto al mismo tiempo.

“No debí haber dicho nada—“Ella murmuró, pero Gage inmediatamente la detuvo.
“Esto queda entre nosotros, ¿de acuerdo? Tal vez este pareció ser el mejor momento, cuando necesitabas contárselo a alguien. Y…tu sabes…estoy feliz de haber sido yo.”
Una inesperada calidez se esparció sobre ella. Ella retorció la servilleta en sus manos. “Tal vez deberíamos hablar de otra cosa.”
El sonrió esa sonrisa. Tomando la botella de cátsup, él la vertió sobre su Ultra-Suprema-Todo-Excepto-El lavabo de la cocina-Hamburguesa.
“Ese edificio en el que estas interesada…” Él amablemente cambió el tema. “La Galería Magnolia. Te dije que había encontrado algo de información sobre ella.”
“Y…” Miranda era todo oídos.
“Y…estabas en lo cierto. Era una casa de ópera.”
“Lo era…. ¿estás seguro?”
“Fue originalmente construida en los inicios de los 1800´s. Pero mucho tiempo después de la guerra, cambio de ser una casa de ópera a una galería.”
Un escalofrió de emoción la recorrió. Ella difícilmente podía sentarse quieta mientras Gage continuaba explicando.

“St. Yvette pudo haber sido pequeño, pero en ese entonces ya era conocido por su cultura. Había montones de ricos sembradores por aquí, y creo que la original casa de ópera era de prestigio. Y pienso que muchas personas famosas se presentaron ahí.”

Música…aplausos…el silbar de abanicos…rosas…una cortina cayendo…una voz cantando…

Miranda dio una lenta respiración. “¿En serio? ¿Cómo quién?”
“Nadie de quien haya escuchado,” Gage se rió. “Pero creo que algunos de ellos venían de Europa.”
Mientras la mesera rellenaba sus vasos, Miranda masticó pensativa una papa frita. “¿Dónde encontraste todo esto?”
“Internet no tenía mucho. Así que me detuve en la biblioteca ayer y comencé a buscar en la colección privada de St. Yvette. No podemos sacar el libro de ahí, pero siempre puedes volver a investigar. La Sociedad Histórica puede tener más información, también. Pienso que podríamos ir mañana después de la escuela.”

Miranda no estaba segura si podría aguantar hasta mañana. Estaba encantada con los descubrimientos de Gage, de lo cerca que concordaban con las impresiones que recibió. Y ahora que esta extraña realidad comenzaba a hacerse realidad en ella, quería encontrar todo lo que pudiera.

“Gage, ¿decía si algo malo le había ocurrido a la casa de ópera?”
“¿Te refieres, además de la ópera? Eso ya es muy malo.”
Ella no pudo dejar de sonreír. “¿Estás seguro que otra cosa mala no sucedió?”
“No estoy del todo seguro. Pero tú pareces muy segura.”
Miranda trató por la sorpresa casual. “¿Lo parezco?”
“Y parecías saber demasiado, ayer, de un lugar al que nunca habías visto u oído hablar antes.”

No lo dijo de manera acusatoria, ni siquiera en forma sospechosa. Fue más como un gentil recordatorio. Y una vez más Miranda se sintió estropeada. Gage obviamente sabía que algo le había pasado. Y aunque en Etienne había sido quien su abuelo le dijo que confiara, ella confiaba lo suficiente en Gage como para compartir otras cosas personales con él. Entonces, ¿por qué no le puedo contar sobre las voces, los gritos, el soldado en el parque?—
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MensajeTema: Re: Capítulo 14 (traducido por Anaid)   Jue Sep 03, 2009 2:20 pm

Espantada, ella sintió una leve presión en la punta de su barbilla. Ella no había notado a Gage acercarse hacia ella, servilleta en mano.
“Tienes mostaza,” murmuró Gage, “justo…ahí.”
Ella se mantuvo muy quieta mientras él la limpiaba. Se quería concentrar en la pared opuesta, pero era imposible ver otra cosa que no fuera él. Esos grandes, ojos cafés con las largas pestañas obscuras…inocentes y sabios al mismo tiempo…increíblemente dulces…asombrosamente sexis…
“Él era asombroso…” Roo le había dicho.
Mientras el recuerdo de la confesión de Roo la pilló con la guardia baja, Miranda trató una vez más de apartar la vista de Gage. De enfocarse en otra cosa que no fueran sus ojos. El fantástico potencial era interminable e irresistible.

“Uno de los libros que encontré mostraba algunos antiguos folletos.” Para el alivio de Miranda, Gage regresó a su propio lado de la mesa, interesado otra vez en la investigación. “Había algunas malas fotografías del edificio también. Aunque no decía cuándo habían sido tomadas.”
Miranda jugaba con su servilleta. “¿Qué hay de los entretenedores?”
“Sus nombres y actos estaban enlistados en los folletos. Cantantes, actores, bailarines, payasos.” Su ceño se volvió realmente preocupado. “¿Por qué los payasos son tan aterradores?”
“¿Le temes a los payasos?”
“No dije eso. Solo dije que eran aterradores.”
Miranda lo miró, entretenida. La mejor defensa era una mejor ofensa.
“Me estas mirando.” Gage musitó.
“No puedo evitarlo.”
“¿Por qué? ¿Tengo la cara sucia también?”
“No,” Miranda no pudo resistir. “Tienes hoyuelos.”
Él se retorció a propósito. “Eso creo.”
“Apuesto a que siempre se burlan de ti.”
“¿Hay algún punto relevante en esto?”
Miranda hizo lo mejor para mantener una cara seria. “Solo que son muy lindos.”
“Ya basta.”
“¿Te estás sonrojando?”
“Cállate.”

Oh Gage, no tienes idea…si Marge y Joanie estuvieran aquí ahora, habrían brincado sobre ti.

Aun frustrado, Gage señaló a la mesera. Pero fue alguien más quien caminó hacia él en su lugar.
“¿Conversación privada?” Etienne los saludó.
“No,” contestó Gage, un poco demasiado rápido.
“¿Conversación intima?”
“Yo solo le estaba hablando sobre sus…”Miranda comenzó, pero Gage se veía tan atrapado, ella no tuvo el corazón para que Etienne se enterara de esto. “Solo le hablaba de…”
“Estábamos hablando de la Galería,” Gage la interrumpió. “El edificio sobre el que ella se preguntaba.”
Etienne miró intencionalmente de Gage a Miranda y de regreso. “No lo sé, de donde yo estaba parado, ustedes se veían algo avergonzados.”
“La casa de ópera. Le estaba contando lo qué encontré.”
“Está bien, si tu lo dices.”
“¡Es verdad!”
“Y dije que está bien. Te creo. ¿Te vas a comer el resto de las papas?”
Gage deslizó el plato a través de la mesa mientras Etienne se deslizaba junto a Miranda. Etienne le lanzó un guiño secreto.
“No es la cosa de los hoyuelos otra vez ¿verdad?” él preguntó inocentemente. “No sé qué pasa con las chicas, la manera en que aman sus—“
“¿Por qué estás aquí?” Gage preguntó. Poniéndose de pie, se dirigió al baño. “Vuelvo enseguida. Pueden dejar la propina.”
“Me iba a ir de todas maneras.”
“No, yo pagaré mi cuenta.” Miranda levantó la cuenta, pero la mano de Etienne descendió firmemente sobre la suya.
“Gage y yo, no somos nada más que verdaderos caballeros sureños. Y una dama nunca paga en su primera cita.”
Ahora Miranda estaba frustrada. “No es una cita. Nosotros realmente estábamos hablando de ese edificio.”
“Ya lo sé.” Encogiéndose de hombros, él tiró de una servilleta del soporte de metal. “Yo además conozco a Beth, su mesera. Ella fue la que oyó como te burlabas de Gage.”
“Eres tan malo.”
Con un distraído ceño, Miranda se acomodó para verlo comer. Al contrario de Gage, esto no parecía incomodarle, ser el objeto de su escrutinio. Ella solo se podía maravillar ante su concentración.
“Galería Magnolia” ella dijo finalmente, “Etienne…fue una casa de ópera.”
“Suenas sorprendida.”
“Yo…yo no sé qué pensar.”
“¿Qué te parece la verdad?”
Por un largo momento ella contempló su plato. Era la intensidad de la mirada de Etienne la que la hizo levantar la vista otra vez.

“Lo siento por no haber pasado por tu casa.” Su voz, aunque más baja ahora, se endureció. “Debí haber. Quería.”
“No te disculpes. Tú eras amigo de mi abuelo. Esto debió ser muy difícil para ti.”
Etienne no respondió. Descansando sus codos en la mesa, el limpió su boca con la servilleta, entonces arrugó la servilleta en un puño. Miranda se preguntaba qué estaba sintiendo. Ella entendió ese sentimiento de pérdida, de ser dejado atrás. Pero con Etienne, era casi imposible saber qué emociones estaba escondiendo.

“¿Quizás…quizás haya algo del abuelo que quieras tener?” Ella sugirió. “¿Para recordarlo? Me aseguraré de que lo tengas.”
Él pareció reflexionar sobre esto.
“Realmente me gustaría.”
Las duras líneas alrededor de su boca se suavizaron. “Lo sé”, dijo quedamente.
Bueno…creo que esta es una buena ocasión como ninguna. Ella no había sido capaz de decirle a Gage, pero Etienne…
“Algo me paso en el parque ayer. Y sé que no lo imagine.”
Esta vez ella definitivamente capturó su interés. El parecía a punto de preguntar cuando de repente Gage se inclinó sobre la parte trasera de su puesto.
Etienne cambió fácilmente a una cadera, buscó en su bolsillo y lanzó algo de dinero en la mesa. “¿Qué es eso?”
“El nombre de la casa de ópera.”
Gage se mantuvo aparte mientras los otro dos salían. Él agregó su propio dinero al de Etienne.
Pero Etienne solo estaba medio escuchando. “Vamos, les daré un ride.”
“¿Entonces qué es?” Miranda preguntó. “¿Cuál es el nombre?”
Gage se apretó al lado de ella mientras se abrían paso hacia la puerta. “La Rosa.”
“¿La qué?”
“La casa de ópera La Rosa” La expresión de Gage se volvió curiosa. “¿Has oído de ella?”
Rápidamente Miranda negó con la cabeza. Estaban ya en la camioneta, y se subió tensa entre los dos chicos. Etienne encendió el motor, y su mente retrocedió, hasta ayer, al viejo edificio y el dulce olor a rosas… al parque y la fantasmal suplica: “Tómala…la rosa…”
¿Conexiones, tal vez? ¿Coincidencias?

“¿Miranda? Ya llegamos a tu casa.”
“¿Qué?” Gage y Etienne la estaban mirando. Ella manejo una tímida sonrisa. “Oh, lo siento. ¿Quieren pasar?”
Ella estaba consciente ahora del muslo de Etienne contra el suyo. Y del brazo de Gage a lo largo de sus hombros, descansando ligeramente en la parte trasera del asiento. Los chicos parecían intercambiar una mutua mirada.
“Mejor no.” Etienne se encogió de hombros. “Trabajo nocturno.”
“Tarea”, ayudándola a salir, Gage acompañó a Miranda a la puerta. “No te olvides de la Sociedad Histórica. Justo después de la escuela mañana.”
“No lo haré. Y gracias por esta noche, Gage. Pase un muy buen rato.”

Sonriendo, dio la vuelta y se dirigió a la camioneta mientras Miranda entraba.
Sorpresivamente, no parecía haber nadie alrededor. La puerta de la tía Teeta estaba cerrada, y aunque la tele se escuchaba en la cocina, Miranda encontró a su mamá dormida en el sofá. Decidiendo no despertarla, apagó la televisión, cubrió a mamá con una manta, entonces se apresuró a la planta alta.

¡La casa de ópera La Rosa!
Eso era lo que el soldado gris—Nathan— ¿trataba de decirme? ¿No una flor, sino un lugar? Eso debe ser – ¿por qué habría sabido que la galería había sido una casa de ópera?

Dejándose caer en la cama, ella miró aturdida al techo. Más piezas del rompecabezas encajando juntas…pero aun tan difícil de creer… ¡aun tan imposible!
No…no imposible. La verdad. El abuelo sabía la verdad. Y tú tambien la sabes Miranda.

Apagando la lámpara de buro, ella cerró los ojos y derivó. La obscuridad era sensual y quieta, un profundo hoyo en el cual esconderse. Ella deseo poder apagar su mente tan fácil como era apagar la luz, pero sus pensamientos se negaban a cooperar. Si tan solo pudiera encontrar respuestas…entender las cosas…
La casa de ópera La Rosa.
“Para la Señorita Ellena….toma…la rosa…”
“Ayúdame.”
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MensajeTema: Re: Capítulo 14 (traducido por Anaid)   Jue Sep 03, 2009 2:21 pm

Miranda se estremeció cuando las palabras de Nathan hacían eco una y otra vez en su cabeza. Como una canción, un conjuro. Una y otra y otra y otra vez…cansándola hasta dormir…
Miranda estaba flotando…rodeada de obscuridad, suspendida en el tiempo. Y había una débil, lejana voz….como un eco bajo el agua…ondulando suavemente…brillando tristemente…
Miranda se tensó para escuchar.
“Tómala…para la Señorita Ellena…”
Ella estaba alejada de todo—ella era parte de todo; él la podía ver –ella era invisible; ella sufría con él—ella estaba en paz—inútil y atrapada en el humo y la niebla y el caer de la lluvia y la tierra obscureciéndose, un carmesí obscuro con sangre…

“Ayúdame,” le dijo Nathan. El soldado de gris, el joven hombre con el indefenso, rostro encantado.
“Tú eres la única.”
Y en su pálida, extendida mano…una corta longitud de hilo, tejido, anudado…solo que esta vez sus dedos lo tocaron, esta vez sus dedos se cerraron sobre ella.
Miranda tocó su mano. Su piel era fría como el hielo; sus dedos la atravesaban.
“Tómala…”
Sentándose, ella vio la figura junto a su cama.
La figura estaba envuelta en sombras, justo al alcance de la luz de luna a través de su ventana.
Ella trató de gritar, pero no pudo; su corazón se subió hasta su garganta y se quedo ahí mientras jadeaba por aire.
“¡No!” Miranda gritó.
Ella cerró los ojos, deseando que la figura desapareciera. Cuando abrió los ojos de nuevo, él se había ido.

Aun así Miranda no estaba conforme. Lágrimas inundaban sus mejillas; las sábanas estaban cubiertas de sudor. Ella alcanzó la lámpara en su mesita de noche, y se congeló de repente.
Ella estaba sosteniendo algo. Algo apretado fuertemente en su mano.
Desconcertada, ella abrió la mano y miró más de cerca. En el brillo tenue del cuarto, ella podía ver el pequeño, familiar objeto acunado contra su mano.

“Oh Dios mío…” ella murmuró.

Era una pieza de hilo trenzado.

fIN
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Capítulo 14 (traducido por Anaid)
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