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 Capítulo 13 (traducido por Anaid)

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MensajeTema: Capítulo 13 (traducido por Anaid)   Miér Ago 26, 2009 10:10 pm

ESA NOCHE POR PRIMERA VEZ, Miranda durmió en la Casa Hayes. Más bien, trató de dormir, entre levantarse, voltearse, checar las ventanas, y mantener un ojo en la puerta. Hasta el espejo la ponía nerviosa—sin mencionar el closet, el espacio debajo de la cama, y cada sombra en cada esquina.
Ese pobre soldado…ese pobre, trágico soldado.
Nathan, había dicho que se llamaba.
No podía dejar de ver su rostro, escuchar su voz.”Tómala…la rosa…la rosa…” Y su sangre, su pena, su insoportable dolor…
No importaba cuanto Miranda se esforzará en negarlo, ignorarlo, olvidarlo—en su corazón no podía.
No podía recordar regresar a casa del parque. Ella se encontró de repente encerrada en el baño de abajo, llorando en una toalla y sin poder detenerse. Cuando finalmente salió a la cocina, nadie parecía haberla extrañado, y se sintió aliviada de que su madre estuviera tan distraída con su tía Teeta y los arreglos pendientes del funeral como para fijarse en ella.
Pero después, acostada en el cuarto de infancia de su madre, Miranda deseaba tener a alguien con quien hablar. No solo sobre el soldado, sino tambien sobre otras cosas. Las noticias de muerte viajaban rápido en St. Yvette, y había habido una constante procesión de vecinos durante el día, trayendo cacerolas, pasteles, y condolencias. Ella había pasado la mayor parte del tiempo siendo presentada a gente que ni siquiera conocía y no le importaba conocer. Se sentía confundida sobre su abuelo—cómo se debería sentir, y cómo debería demostrarlo. Se preguntaba qué decirle a su madre, quien parecía una sólida roca, y qué decirle a la tía Teeta, que estaba devastada.
Su única fuente de confort había llegado después esa tarde, cuando bajaba hacia el vestíbulo para ir afuera y encontró a Gage en la puerta principal.

“¿Estás bien?” fue la primera cosa que preguntó. Y entonces, antes de que fuera capaz de responder, sus brazos estuvieron alrededor de ella en un gentil abrazo. Miranda había contenido inesperadas lagrimas y sintió que se rendía—inexplicablemente—ante su preocupación.
“No estábamos seguros de qué hacer,” Gage explicó mientras ella lo llevaba al desierto estudio en la parte de atrás de la casa. Él esperó hasta que ella se sentó después de sacar la silla para ella. “Todos queríamos venir, pero no sabíamos cómo te sentirías con eso. No queríamos hacerte sentir incomoda.”
Miranda simplemente lo miraba. “Nadie necesitaba venir.”
“Nosotros queríamos venir.”
Ella no sabía que decir. A pesar de sus mejores esfuerzos, se sintió extrañamente apenada y extrañamente conmovida.
“Yo solo los conozco desde hace dos días.”
“A veces eso es suficiente.”
Cuando él sonrió, ella no pudo no sonreírle de vuelta. Después de un momento, él se inclinó hacia ella, su voz más solemne.
“¿Saben lo que le paso a tu abuelo?”
“Están muy seguros de que fue un infarto. Y fue rápido, así que no sufrió.”
Gage dudó. “¿Lo qué paso ayer en The Falls tuvo algo que ver?”
“No lo sé. Tal vez debimos haberlo llevado a la clínica.”
“Creo que Etienne tenía razón, Miranda—creo que hicimos lo mejor que pudimos.”
“Etienne no ha venido esta tarde.” Había estado aturdida cuando las palabras salieron—esperó que no hubieran sonado— ¿qué? ¿Culpable? ¿Decepcionada? La verdad era, que ella honestamente esperaba que se apareciera en la casa, al menos por el bien de la tía Teeta.
Los ojos de Gage estaban llenos de simpatía. “Estaban muy unidos, Etienne y tu abuelo. Sé que Etienne escuchó las noticias, pero aun no he hablado con él. Él…” Gage se detuvo otra vez como si estuviera escogiendo las palabras correctas. “Sé que debe estar muy disgustado. Y nunca permite que nadie lo vea así.”
“¿Cosas de macho?” Miranda no pudo dejar de preguntar.
Un hoyuelo apareció en la mejilla de Gage. “Algo por el estilo.”
Entraron en un cómodo silencio. Para Miranda, se sentía muy bien el estar sentada con el, sin sentir la necesidad de pretender o explicar o mantener algún tipo de apariencia. El parecía no tener prisa en irse, y ella estaba feliz de que se quedara. Y cuando su atención se volvió hacia los que entraban y salían de la casa, tomó esa oportunidad para estudiar realmente su rostro.
Sí, definitivamente había semejanzas entre Gage y Etienne—los mismos altos pómulos, buen cuerpo y una oscura belleza. Pensaba que sus dos madres debían ser hermosas. Pero lo que era aun más notable era el completo contraste entre los ojos de los chicos. Unos, sentimentales y sensibles…los otros, sospechosos y descaradamente desafiantes.
“Me estas observando” balbuceó Gage.
Mientras Miranda se daba cuenta que la había descubierto, ambos se rieron conscientes de lo que había pasado. Gage entornó los ojos y se volvió hacia atrás en su silla.
“¿Sabes cuándo es el funeral?” él le preguntó.
“Escuche que hablaban de que fuera el Martes.”
“Haznos saber cuándo te confirmen.”
“Pero—“
“Porque.” Sus manos se elevaron para desechar su pregunta. “Porque queremos, ¿está bien?”
“Está bien.”
“Oh, y umm…” Frunciendo el ceño ligeramente, el trazó un dedo sobre su labio superior. “No estoy seguro de que sea el mejor momento para hablar de esto…”
“No, continua.”
“¿El edificio sobre el que te preguntabas antes? ¿La Galería Magnolia?”
El cambio que ella sintió fue inmediato—ese endurecimiento en el estomago, esa tensión en los nervios—aun así Gage parecía no darse cuenta. De hecho, parecía demasiado casual mientras continuaba hablando.
“He estado tratando de conseguir más información. En realidad no he conseguido mucha, pero lo que he podido conseguir es muy interesante.”
Miranda tragó nerviosamente, medio esperando que volviera a ella el extraño comportamiento de en la mañana. Pero Gage solo se aclaró la garganta y miró hacia el piso.
“Pensé…que tal vez después…¿cuándo te sientas mejor? Tal vez podríamos hablar sobre ello.”
“Sí. Después está bien. Realmente me agrada la idea.”
“Genial. Bueno…debo irme.”Mientras ambos se ponían de pie, él buscó en el bolsillo de su camisa y le dio un pedazo de papel doblado. “Aquí está mi numero de celular. Y el de Etienne. En caso de que tu…ya sabes…necesites algo.”
“Gracias.”
Dándole otro abrazo, él murmuró. “Lo siento Miranda. Solo recuerda que yo—nosotros—pensamos en ti. “
Su cuerpo era cálido y fuerte, y no se sentía nada apenado por la forma en que la abrazaba. Miranda tuvo una repentina, tonta urgencia de quedarse entre sus brazos y nunca dejarlo. Pero en vez de eso, se liberó y lo acompañó a la puerta, su cabeza una confusión. ¿Debería decirle? ¿Sobre lo que había pasado hoy en el parque? ¿Y sobre lo que sabía acerca de la casa de ópera? Porque de alguna manera estaba segura que Gage la escucharía…pero no estaba segura de que la entendería.
“¿Gage?”
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MensajeTema: Re: Capítulo 13 (traducido por Anaid)   Miér Ago 26, 2009 10:11 pm

Deteniéndose en el pasillo, él se giró para mirarla. “¿Sí?”
“Nada. Solo...gracias.”
“No hice nada.”
“Sí, lo hiciste. Más de lo que crees.”
Ese hoyuelo otra vez, y un modesto encogimiento de hombros. “Nos vemos.”

Exhausta Miranda se arrastró a si misma por el resto de la tarde. Después de que el último visitante se fue, ella, su mamá y la tía Teeta se sentaron juntas en la cocina, picando del vasto surtido de comida, pero comiendo muy poco. La tía Teeta le mostró a Miranda su nueva recámara—un pequeño y acogedor escondite ubicado en el tercer piso—entonces inmediatamente se fue a la cama. Mientras su mamá insistía en limpiar un poco, Miranda hizo un rápido recorrido hacia el apartamento para traer los pijamas y cepillos de dientes.
Y ahora no podía dormir.
Había sido un día largo y agotador, un raro y molesto día. Aún con su suave colchón, almohada de plumas y la privacidad que había deseado, Miranda solo pudo mecerse inquietamente hacia adelante y hacia atrás y permanecer con los ojos bien abiertos en la obscuridad.

Este cuarto había sido de mamá, la tía Teeta le había dicho—este cuarto había sido donde su madre había pasado todos sus años de crecimiento. Estaba ubicado justo en lo alto de las angostas escaleras del tercer piso, pequeño y escasamente amueblado y situado cómodamente debajo de los aleros. En lugar de aire acondicionado, las puertas francesas estaban abiertas hacia un porche donde ventanas sobre tres paredes dejaban entrar la brisa, pero tambien podían ser cerradas cuando hacia mal clima. Había habido muchas pijamadas ahí, la tía Teeta recordó—amigas quedándose hasta muy tarde, hablando y riéndose durante muchas largas y despreocupadas noches. Al final del porche había una puerta que daba hacia una salida con escalones de madera. La barandilla estaba cubierta de hiedra y viñas florales y los escalones descendían hasta unos densos arbustos en una esquina trasera de la casa.
Miranda se preguntaba si su madre alguna vez pensó sobre este porche, sobre esta recámara, sobre la niñez. Si su madre alguna vez habría tenido un recuerdo feliz …
Recuerdos…
Pero Miranda tenía recuerdos propios con los que lidiar esta noche. Recuerdos caminando pesadamente a través de su mente, volviendo a ella como fotos instantáneas, haciendo acelerar su corazón y latir su cabeza. Las paredes parecían ser exprimidas. El inactivo viento murmuraba con gritos lejanos. Incapaz de luchar más contra ello, se levantó de un salto y alcanzó la puerta, sin entretenerse con la lámpara de noche junto a la cama.
Inteligente, Miranda. Realmente inteligente.

Se olvidó de cuan obscura estaba la escalera. Andando a tientas a lo largo de la pared, no pudo encontrar ningún interruptor de luz, pero pudo seguir el repentino retumbar de los ronquidos de la tía Teeta. Con un suspiro de alivio, alcanzó la tenue luz del segundo piso, entonces continuo su descenso hacia la cocina.
Y fue cuando escuchó el llanto.
Miranda se congeló al pie de las escaleras. Oh, por favor Dios, no de nuevo. Aunque al menos por esta vez se dio cuenta que el llanto era distinto. No eran los mismos sonidos fantasmales de antes, pero casi tan desgarradores. Y muy, muy cercanos.

Aun atemorizada, se asomó a través de la puerta de la cocina. El cuarto estaba su mayoría en sombras, sin embargo una pálida, plateada luna brillaba en la ventana que estaba arriba del lavabo. Entonces, mientras sus ojos se acostumbraban al resplandor, finalmente reconoció a la figura de la mesa. Su madre se sentaba ahí cabizbaja con los brazos cruzados, y su cuerpo entero temblaba por los sollozos.
Miranda nunca había visto a su madre llorar así antes. De hecho, no podía recordar haberla visto llorar desde que su padre murió. Mamá—la fuerte, la invencible—siempre inalterada al enfrentar cualquier situación, sin importar lo mala que fuera.
Sobresaltada, su madre jadeó y alzó la mirada alarmada. “Oh, Miranda eres tú. ¿Cuál es el problema, cariño, no puedes dormir?”
Justo como eso, en total control de nuevo. Mientras Miranda solo podía estar ahí y mirar indefensa.
“¿Mamá?” ella murmuró.
Por un interminable momento sus ojos se encontraron. Las manos de mamá se movían inútilmente sobre su taza de café, como si estuviera buscando una buena excusa.
“Mamá… ¿qué tienes?”
Los hombros de su madre se hundieron. Miranda se movió lentamente a través de la cocina y tomó la silla vacía que estaba en frente de ella.

“¿Qué haces despierta?” Mamá le volvió a preguntar.
“Estaba…pensando en cosas.”
“Yo, tambien.” Mamá hizo un débil intento por reírse. “Bueno, sobretodo en tu abuelo. Pero en muchas otras cosas, también, creo.”
De los hinchados ojos rojos de su madre, Miranda pudo decir que había estado llorando por un largo tiempo. Ahora ella preguntó cautelosa, “¿Qué estabas pensando sobre el abuelo?”
“Sobre…oh, tiempo, supongo. Lo rápido que pasa. Cuánto puede terminar robándote, si se lo permites.”
Mamá ociosamente removió el frio café, bajando la mirada hacia la cuchara.
“Éramos tan diferentes, Miranda –tu abuelo y yo. Teeta era más joven, y ella siempre estuvo cerca de papi. Yo era la cercana a mamá, y después de su muerte, me sentí…no lo sé…excluida, creo. Teeta siempre era tan buena, yo siempre fui la rebelde.”
“¡Tú!” Miranda no pudo esconder su impacto.
“Sí, yo. Y no te hagas ideas.” Mamá la desaprobó con una burlona serenidad. “Papá era…diferente. Teeta siempre pareció entender eso. Aceptarlo.”
“¿A qué te refieres?”
“Él era… no lo sé. Sólo diferente. Algo callado, nunca compartió mucho. Estricto con nosotras y sobreprotector—al menos así era como yo veía las cosas mientras crecía. Él tenía sus pasatiempos, sus libros. Era muy reservado. Yo nunca sabía lo que estaba pensando. Pero mamá—bueno, ella era tan animada, tan feliz todo el tiempo. Tú siempre sabias en dónde te encontrabas con mamá, y la gente realmente la amaba. Pero papá tenía estos…” ella se estremeció. “Humores. Era como mamá los llamaba. Sus humores.”
Miranda no dijo nada. Simplemente esperó a que su madre continuara.
“No sé de qué otra manera describirlo, sólo que él se ponía… raro con algunas cosas. Cómo cuando Teeta y yo teníamos nuestras esperanzas con la idea de irnos a otro lugar. Y en el último minuto papá nos diría que no podíamos irnos, que algo malo había pasado ahí, y que él nos prohibía siquiera pisar cerca de ese lugar.”
“Entonces, ¿qué hiciste?”
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MensajeTema: Re: Capítulo 13 (traducido por Anaid)   Miér Ago 26, 2009 10:12 pm

Mamá dio una triste sonrisa. “No fuimos. No importó lo que papá dijera, no importó cuan irracional sonara, y no importó cuanto los persuadiéramos Teeta y yo—mamá dijo su decisión, y nos quedamos en casa.”
“¿Ha pasado algo malo en esos lugares?”
“¿Quién sabe? Papá nunca explicó cómo sabia de estas cosas “malas”. O dónde—o quién—el obtenía la información de su interior.” El sarcasmo de mamá fue templado con tristeza. “Cualesquiera que fueran las razones, él las creía completamente. Y mamá le creía completamente.”

Escalofríos recorrían la columna de Miranda. Ella no quería escuchar más sobre el abuelo o sus advertencias, aun así algo la mantenía fuertemente en su asiento. Algo que la obligaba a seguir escuchando.

“Sin embargo, hubo una vez.” El ceño de mamá se arrugó en concentración. “Recuerdo que Teeta y yo íbamos a ir a un carnaval en el pueblo vecino. Pero por supuesto, en el último segundo, papá dijo que no podíamos ir. Estábamos devastadas. No le hable durante días. Entonces dos semanas después, nos enteramos de que cinco niñas fueron violadas en el carnaval.”

Los escalofríos iban haciéndose peores. Miranda pudo sentir que comenzaba a temblar.

“Aparentemente cada noche un trabajador del carnaval escogía a una niña de la multitud para que lo siguiera. Él se había acercado a ella, luciendo muy enojado, y dijo que estaba preocupado por su esposa—que ella se había metido a uno de los baños públicos pero aun no había salido. Dijo que había estado esperando por un largo rato, y le pidió a la niña que fuera a los baños y checará si estaba su esposa. Bueno, por supuesto, todas las niñas quisieron ayudar. Él llevó a cada una de ellas atrás al cobertizo más alejado, atrás donde nadie más estaba alrededor. Entonces él sacó un cuchillo. Y cuando hubo terminado, las amenazaba—les decía que sabia en dónde vivían, y que si decían una palabra, las encontraría y las mataría y mataría a su familia tambien.”
“Dios mío, esas pobres niñas. Debieron haber estado aterrorizadas.”
“Gracias a Dios que una de ellas finalmente tuvo el valor de hablar. Ella y sus padres fueron a la policía. Pero el carnaval ya había dejado el pueblo entonces…y el tipo había dejado el carnaval.”
“¿Alguna vez lo encontraron?”
“Si. Pero…” Mamá parecía levente incrédula ante el recuerdo. “Después de que salieron las noticias, papá fue hasta la estación de policía una mañana y dijo que él sabía quién era el violador. Les dijo que el tipo estaba en River Camp—un pueblo a cinco mil millas de aquí. Les dio una descripción física, hasta del dedo anular que le faltaba en la mano izquierda. El estacionamiento de tráilers dónde se estaba quedando, el color del tráiler, y el camino en que el estacionamiento estaba ubicado.”
“Bueno, eso está bien ¿cierto?”
“Excepto que papá nunca había estado en River Camp. Nunca en su vida.”
“Entonces…” No. No podía preguntar. No preguntaría. “¿Cómo lo supo el abuelo?”
“Eso era lo que se preguntaba la policía—junto con todos los demás en el pueblo. Papá dijo que se había detenido en la gasolinera y escuchó hablar a un hombre en el teléfono de monedas de afuera. Y que cuando el hombre vio que papá lo estaba mirando, se subió a su coche y escapó antes de que papá pudiera anotar el número de placas.”
Poco convincente. Pero tambien creíble. Las manos de Miranda estaban apretadas juntas sobre la mesa. Ella ni siquiera podía mirar a su madre ahora. Ella difícilmente podía apagar el terror que permanecía en su garganta.

Concentrada en la historia, su mamá no pareció darse cuenta. “Pero después de que papá fue a la policía, lo escuché a él y a mamá hablando en su cuarto esa noche. Yo no tenía la intención de escuchar—estaba justo afuera de la puerta, en mi camino hacia bajar las escaleras. Creo…que papá estaba llorando. Nunca había visto que él mostrara tanta emoción antes, y eso me asustó. Mamá trataba de consolarlo, eso creo, estaban hablando muy bajito. Escuché a papá decir algo sobre otra víctima, y un prado, y qué por eso había sabido en dónde estaba el violador. Que una de sus víctimas le había dicho.”

Detente mamá, por favor detente, no digas esas cosas, no las hagas verdaderas, no las hagas reales—“No podía creer lo que escuchaba. Pensé que papá estaba muy enfermo—mentalmente enfermo—que mamá solo lo estaba protegiendo y no nos decía la verdad. Y entonces,…” Haciendo una pausa tomó una profunda y temblorosa respiración. “Y entonces, unos días después, apareció en el periódico. La policía encontró el cuerpo de una niña tirado en un viejo campo de heno en una granja abandonada. Solo a una milla de distancia de dónde había sido el carnaval. Dijeron que probablemente el cuerpo llevaba tres semanas ahí. “
Sin proponérselo, Miranda se estiró y tocó la mano de su madre. “¿Entonces le creíste, verdad?”
Era una sincera pregunta. Pero una, Miranda lo sabía, que su madre no reconocía.
“Por supuesto que no le creía.” El tono de su madre sonaba casi como de arrepentimiento. “Porque cosas como esa son imposibles. Cuando papá estaba en uno de sus días, nunca sabíamos lo que diría—qué sería lo que inventaría.”
“Pero…el violador. ¿Lo atraparon en River Camp?”
Los labios de mamá se presionaron en una severa línea. “Lo atraparon, lo sentenciaron, y lo enviaron a la cárcel de por vida.”
“Y…” Miranda hizo una pausa, su corazón latiendo fuera de control. “Y a la niña del campo. ¿La mataron?”
Un largo silencio cayó entre ellas. Y aun antes de que su madre hablara, Miranda sabía cual era la respuesta.
“Sí.” Dijo su mamá finalmente. “Él lo confeso todo.”

Por un instante Miranda sintió que la cocina se cerraba alrededor de ella—sintió un millón de emociones que la golpeaban de todos lados. Ella ahora estaba temblando violentamente; ella no sabía que decir. ¿Discutir? ¿Defenderse? ¿Confesarse? ¿Explicarse? Cruzando sus brazos fuertemente sobre su pecho, luchó por mantener su nivel de voz.

“¿Tu mamá le creyó a tu papá?”
Mamá no la estaba mirando ahora. En lugar de eso, giró su taza de café lentamente entre sus palmas. “Oh, mamá siempre se ponía de su lado, sin importar qué. Pero las cosas se pusieron peor que eso.”
“¿Cómo?”
“Bueno, quizás deba decir, papá se puso peor después de eso. O sus estados de ánimo fueron peores después de eso. O tal vez siempre fueron malos, pero hasta esa noche cuando lo escuche a mamá y a él hablar. No me daba cuenta de cuan mal estaba.”
“¿Alguna vez le has dicho a la tía Teeta lo que escuchaste?”
“Por supuesto. Comenzamos a observar más a papá y el empezó a tener más cambios en sus ánimos. Lo escuchamos hablar solo—a veces por una hora, a veces por más tiempo—excepto que era como…como si estuviera hablando con otra persona. Por supuesto, no había nadie más allí. Y especialmente después de que mamá murió—entonces lo escuchamos tener largas conversaciones con ella.
“¿Entonces qué hiciste?”
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MensajeTema: Re: Capítulo 13 (traducido por Anaid)   Miér Ago 26, 2009 10:12 pm

“Bueno, era obvio que estaba teniendo una depresión. Pero tú no hablas de esas cosas aquí en St. Yvette; las familias mantienen las cosas personales para sí mismas. Aun si todos los vecinos sabían de ello. Algo como eso es muy difícil de esconder.”
“¿Pueblo pequeño?”
Miranda se estaba acostumbrando a este cliché. Mamá dio una débil sonrisa.
“Pueblo pequeño” ella estuvo de acuerdo. “Y papá se convirtió en el excéntrico del pueblo pequeño. La gente pretendía no ver sus ojos vidriosos, o la manera en que caminaba a través de las calles, discutiendo cosas con amigos imaginarios. Todo mundo consideraba a su familia escalofriante, pero inofensiva. Y naturalmente, Teeta rechazó abandonarlo. Y naturalmente, no podía soportar saber lo que otra gente pensaba de él—de nosotros. Las miradas, los chismes, las bromas. Me sentía avergonzada.”

Por un momento sus ojos encontraron los de Miranda. Mientras una melancólica mirada pasó a través de su rostro, ella se aclaró la garganta e hizo a un lado su taza medio llena.

“Desearía haber sido como Teeta. Quizás si hubiera intentado entender mejor a papá…ayudarlo más.”

Debió haber sido muy difícil para ti, mamá…tan difícil ser la hija de mi abuelo. Un millón de preguntas se alzaron en la mente de Miranda, pero ella reconoció el frágil corte de la voz de su madre. Mordiendo fuertemente su labio inferior, resistió la urgencia de continuar investigando.

“Pero con el tiempo” mamá continuo con voz apagada, “todo lo que quería hacer era alejarme de él. Lejos de aquí. Tan lejos como pudiera. Y entonces conocí a tu papá…” Ella dudó y respiró irregularmente. “Y entonces logre alejarme.”
Los ojos de su madre eran distantes ahora. Lagrimas inundaban su rostro. “Cariño, yo amé demasiado a tu padre. Entonces tú llegaste, y todo fue aun más perfecto. Nunca soñé que nada malo nos pasaría—a tu papá. Que alguien tan joven pudiera tener un ataque al corazón…pudiera estar aquí un minuto, tan lleno de vida, entonces ser alejado de nosotros al siguiente.”
“Oh, mamá…”
“No, cariño, estoy bien. Cuando tu padre murió, tu abuelo y la tía Teeta me rogaron para que volviera aquí. Ellos querían hacerse cargo de nosotras. Ayudarnos y verte crecer. Pero yo solamente no pude. Yo solo no podía regresar a todos los chismes y miradas y todo lo demás que deje atrás. Todo lo que podía ver era repetirse las mismas cosas una y otra vez. No quise que crecieras de la misma forma que yo.”
“¿Por qué nunca me dijiste esto antes?”
“Creí…”Mamá pasó una cansada mano sobre sus húmedas mejillas. “Era más fácil no hacerlo. No involucrarte en cosas que quizás no hubieras podido entender. Los niños no deben cargar con los problemas de los papás.”
“Pero tal vez te pude haber ayudado.”
Una leve sonrisa tocó los labios de su madre. “Tu me ayudas siendo tu misma. Y siendo feliz. Es en todo lo que puedo pensar después del huracán—mantenerte feliz y segura. Pero teníamos que venir aquí, Miranda; no teníamos opción. Y yo estaba asustada. Y aun estoy asustada, pero me siento avergonzada de mi misma, tambien.”
“Mamá, ¿por qué?”
“Porque no llegaste a conocer a tu abuelo, y todo lo que él quería es que fuéramos una familia.”
Miranda sintió lágrimas en su rostro ahora. “¿Y realmente crees eso? ¿Qué podríamos ser una familia otra vez? ¿Una familia feliz?”
“Si, lo creo.” La voz de mamá era firme.” Y tambien quiero que tu lo creas, Miranda. Le decía a tu papá todos los días cuan orgullosa estaba de ti, y lo valiente que eras, y la gran vida que tendrías.”
“¿En serio?”
“Bueno, por supuesto. ¿Por qué estas tan sorprendida?”
“Yo nunca…creo que nunca imagine que pensaras en él. Es decir, tú nunca hablabas de él. No conmigo, al menos.”
Ahora fue el turno de mamá para sorprenderse.”Oh, cariño ¿cómo puedes decir eso? Tu papá fue mi mundo entero—y sé que tambien era el tuyo. Y pensé que si me ponía a recordarlo, solo nos haría más tristes a las dos. Desearía tener una varita mágica y hacer todo como estaba antes, cuando él estaba aquí y todo estaba bien. Pero no puedo. Y alguien tiene que ser fuerte. Tenía que ser fuerte antes y ahora, para mantenernos a ti y a mi juntas.”

Miranda sintió otra ola de emociones invadirla. Por el momento, toda sospecha, todo mal pensamiento, fue olvidado.

“Estoy aquí”, ella insistió “Me tienes.”
“Gracias, cariño.”Inclinándose a través de la mesa, mamá beso tiernamente su frente. “Lo sé. Y prometo que tratare de ser mejor.”
“Yo también mamá, yo tambien.”

fIN
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