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 Capítulo 1 (traducido por Beauty)

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Beauty
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MensajeTema: Capítulo 1 (traducido por Beauty)   Dom Ago 02, 2009 8:24 pm

¡ESTA TODO DEMASIADO TRANQUILO!

No puedo dormir. No puedo pegar ojo.

Esta es la tercera noche seguida que me pasa. Desde que nos mudamos de nuestro piso de 220 m2 en Gold Coast en Chicago a esta vieja casa victoriana chirriante en Ridisson, Giorgia – es decir, en casa Dios- no he podido dormir una noche entera.

Una adolescente como yo necesita dormir para que no se entorpezca su crecimiento. Ya es bastante malo que no esté tan desarrollada como mi hermana de 13 años, Kaitlin, en lo referente a la delantera. ¿No se supone que las hermanas mayores deben de desarrollarse antes? Y ahora este insomnio.

Giro hacia un lado y me quedo en el lateral de la cama, mirando hacia una caja de North American Van Lines[1] marcada con “Moorehead – Habitación de Kendall.” Me pregunto si en ella habrá alguna caja de Tylenol PM[2] de cuando no podía dormir el verano pasado porque estaba trabajando a media jornada en Intelligentsia Coffe en el norte de Broadway y me había aficionado a la cafeína. Hmmm, probablemente no. De todas formas no debería de tomarlo, especialmente desde que rechacé la oferta de mamá de tomar unas pastillas que había cogido de la clínica – es enfermera –. Por supuesto, mis problemas de sueño no están relacionados con sofocos, como ella cree. ¡Son por este asqueroso silencio!

Quiero decir, viviendo en el centro de Chicago desde que nací, me acostumbré al ruido de la ciudad: El sonido de los coches, los taxis, y los camiones de reparto. El ajetreo y bullicio de los turistas. El ruido metálico de las vías del tren. Los aviones de O’Hare y Midway[3] que atraviesan el cielo, como si pudieras levantar la mano, cogerlos y guardarlos. Para mí, es un armonioso concierto de la vida urbana. No éste increíble ensordecedor silencio de la calle principal de Radisson, Georgia.

No estoy bromeando sobre este maldito silencio. Casi puedo oír los grillos y el piar de las cigarras que viven en nuestro jardín. Tengo que abrir la ventana para dejar entrar el aire – tengo un ventilador de techo, pero no ayuda con el calor de la noche- y el mata mosquitos produce un zumbido mientras estoy tumbada mirando fijamente al techo de mi habitación. Como mi abuela Ethel solía decir: “Está todo tan tranquilo que puedes oír a la muerte pensar.”

Sí, como si quisiera.

Lo que quiero es cerrar los ojos y tener un sueño intenso sobre Justin Timberlake o Channing Tatum. Eso es lo que quiero.

En el centro de la cama, paso el reverso de la mano por mi frente para limpiarme el sudor del calor de septiembre. En ésta época en Chicago, me pondría mi manta favorita de Patagonia Synchilla[4] entre las sábanas y el edredón que me mantendría caliente. Pienso a menudo que pronto lo necesitaré aquí en Radisson. Lo que ya no sería lo mismo. Nada sería lo mismo. Nunca más.

No quiero ser una amargada y malhumorada chica de 16 años, pero este traslado llevará cierto tiempo. Honestamente, no me he sentido yo misma desde que me mude a esta casa y desempaqueté mis cosas. He tenido intensos dolores de cabeza desde hace tres días (más o menos), y ninguna cantidad de ibuprofen[5] puede con ellos. Puede que el dolor sea solo psicosomático debido a la mudanza a un pueblo no más grande que el parque Lincoln de Chicago que aleja mi vida entera de todo y de todos.

Me giré bajo las mantas y me restregué los ojos con los puños para tratar de encontrar el nacimiento del dolor de cabeza y escavar en él. Si simplemente pudiera dormir, todo sería genial. Un profundo suspiro se escapó de mi pecho, mezclado con el zumbido del ventilador de techo. Primero, pensé que todo esto era causa de las alergias o de los ácaros de polvo de esta húmeda vieja casa centenaria. Pero no estornudo ni nada de eso. Los síntomas son extraños más que otra cosa.

Como ayer… estaba colgando todo mis trastos (ya sabes, todas esas baratijas que tus abuelos te traen de sus viajes a lo largo de los años) y mis dedos empezaron a hormiguear hasta el punto de que no pude volver a coger el martillo. No fue un hormigueo en plan “oh mierda, estoy teniendo un ataque al corazón.” Fue más como cuando tu brazo cae dormido y sientes como si hubiera miles de hormigas bajo tu piel. Sí, como eso.

Luego cuando estaba ayudando a mi madre a montar la mesa de picnic y la hamaca en el jardín, literalmente rompía a llorar como hago cada vez que veo El diario de Noa. Salvo que no tenía ninguna razón para hacerlo. Ninguna. En absoluto. Mamá pensó que era porque estaba deprimida por irnos de Chicago, lo que probablemente tendría algo que ver, pero no tenía ningún sentido. Le dije que era un síndrome premenstrual así que no tenía que preocuparse o tratar de atiborrarme con sus pastillas. La respuesta de “esos días del mes” pareció satisfacerla.

Lo más extraño, además del sonambulismo (¿Qué? Escuché la música del DJ Brian Transeau… ¡él mola![6]), Ocurrió cuando estaba jugando al solitario en mi cama la noche anterior. No hablo del solitario del ordenador, hablo del de las cartas- ¡que moderno por mi parte!- porque la conexión a internet todavía no está instalada en la casa. ¿Cómo alguien como yo puede subsistir y contactar con el mundo exterior sin tener Comcast[7]?

Así que, mientras estoy jugando al solitario y barajando las cartas, la reina de corazones salió volando. No importaba cuanto barajara las cartas, esa estúpida mujer con bolsas bajo los ojos y esa cara de mal humor siempre salía volando. Era como si la carta tuviera vida propia, y quisiera volverme loca. Tan pronto como conectaron internet, googlee la maldita carta para ver de qué iba todo esto. Mi amiga Marjorie, de Chicago– Chicago sigue siendo mi casa- me había dicho que algunas personas leían las cartas con barajas normales. No es que esté metida en esas cosas o algo así. Puede que encontrase algún libro sobre eso y consiga una explicación. O tal vez simplemente me vuelva loca.

Otro profundo suspiro salió de mí mientras el viento mecía la cortina que rodeaba mi cama. La fina tela bailaba sobre uno de los cuatro postes de la cama. Son solo las nueve y media, pero me había ido a la cama temprano – mañana era mi primer día de clase- para ver si era capaz de dormir. No tuve esa suerte.

La puerta de mi habitación se abrió con un chirrido.

“¿Kendall? ¿Estás despierta cariño?”

“Por supuesto,” dije fríamente y me quite de una patada el edredón y la sábana. “Lo siento,” añadí.

“No pasa nada, lo entiendo.” Mamá entró en la habitación y encendió la luz. Llevaba el pelo que le llegaba hasta los hombros atado en un moño despeinado, haciendo que pareciera que tenía menos de 48 años. Me incorporo, con los ojos medio cerrados, y veo que lleva una caja grande. “Tu padre lo acaba de comprar en MegaMart[8]—“

L a interrumpo con un carraspeo. “¿Hay un Mega-Mart aquí?” Quién lo diría.

Frunció el ceño durante un momento. “Kendall, no te has caído por el borde del planeta. Está claro que esto no es el centro de la ciudad de Chicago, pero Atlanta está solo a una hora de distancia y tenemos todo lo necesario para vivir aquí en Radisson.”

Me aparto un mechón de pelo castaño de la cara y saco los pies de la cama. La razón de que mi padre no pudiera conseguir un trabajo en ATL[9] va más allá de mí. Sé que es el mejor en su trabajo – es arquitecto- y Radisson siempre está con reformas para hacer el pueblo más atractivo para las familias e industrias, pero hay un cambio de estilo muy grande de una ciudad a otra. Quiero decir, durante la Guerra Civil, Radisson no fue lo suficientemente importante para el General Sherman como para incluirla en su famosa Guerra total. ¿Por qué iba a serlo para mí?

Mamá dejó la caja en el borde de la cama. “Como iba diciendo, tu padre te compró esto para ayudarte con tu pequeño… problema.”

A menos que sea una dura sartén para golpearme en la cabeza y me haga una contusión cerebral que me haga dormir toda la noche, no estoy interesada. O puede que sea una máquina de aire acondicionado, como las que dijo papá que pondría en cada habitación de esta vieja casa. ¡Claaaro!

¡Mira esto! Dijo mamá mientras sacaba una máquina tan grande como la pesa del baño. “Esto te ayudará a dormir.”

Arqueé las cejas mientras leía en la caja “¿Sonidos de la vida 440?”

Mamá desplegó el largo cable y lo acercó a un enchufe. La máquina empezó a sonar, y el sonido de suaves ecos cruzó la habitación. “Es una máquina de sonidos ambientales. Se supone que son muy útiles para los problemas de sueño.”

“¿No son para bebés?” Pregunté, no muy convencida de que fuera a funcionar.

Cogiéndome de la mano dijo, “Bebés, adultos, cualquiera que necesite ayuda con su hiposomnia.” Ya le ha entrado la vena médica.

“¿Qué?”

“Enfermedad del sueño.”

“Mamá, no creo que tenga—“me mordí la lengua porque no tenía ni idea de que era lo que tenía.

Colocó la máquina en mi mesita y cogió las instrucciones que venían con ella. “Ooo, escucha esto.´ La máquina tienes sonidos de un útero, un corazón y también sonidos de respiraciones. Estos sonidos naturales dan tranquilidad y reconfortan a los niños proporcionándoles un sentimiento de seguridad.’ Y mira, Kendall, tiene un temporizador, ajuste de volumen y puedes llevártelo si vas de viaje.”

¡Claro, porque cualquier chica quiere llevarse una máquina para que duerman los bebés a una fiesta de pijamas! “No creo que una máquina de sonidos ambientales vaya a ayudarme a mi edad.”

El brillo de los ojos de mi madre desapareció, mostrándome su decepción. Tenía que tener en cuenta que esta mudanza también ha sido un duro golpe para ella. Tuvo que dejar su trabajo en la unidad de maternidad del hospital North-Western Memorial para empezar a trabajar de enfermera del único médico del pueblo (bueno, vale, puede que no sea el único). Tengo que mostrar algo de compasión.

Me tragué mi enfado ante toda esta situación y sonreí. “Lo siento. Gracias por traerme esto. Lo probaré.” ¿Por qué no? No puede hacerme daño.

Se inclinó hacia mí y me metió en la cama como lleva haciendo desde que recuerdo. La mujer es una experta en hacer camas y literalmente me atrapó entre las mantas. Me besó en la frente. “Trata de dormir un poco cariño. Mañana es el gran día.”

“Lo sé, mamá.”

“Harás un montón de amigos y empezarás a adaptarte… ya lo verás.”

“Eso espero.” Aunque ya tenía un montón de amigos en Chicago. “Solo quiero encajar, no ser diferente.” Al menos eso era lo que me decía a mí misma cuando me imaginaba caminando entre extraños durante un montón de horas.
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Beauty
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MensajeTema: Re: Capítulo 1 (traducido por Beauty)   Dom Ago 02, 2009 8:25 pm

“Tranquila, respira hondo, Kendall. Reza una oración y solo relájate.”dijo mamá. “Creo que tus problemas de sueño están relacionados con el estrés, y una vez que empieces el colegio, todo volverá a la normalidad.” Se marchó hacia la puerta.

“Gracias, mamá.” Aunque ¿Qué se supone que sería lo normal ahora? No ir a más partidos de los Cubs, o los Bears, o los Blackhawks, o los Bulls (lo siento, no soy fan de los White Fox)[10]. No más películas en los cines Century Landmark o perritos calientes de Weiner Circle. No más desfiles del día de San Patricio. No más visitas a la Torre Sears[11] . No más faltas de clase por ir a la grabación de uno de los programas de Oprah. No más Chicago Chop House[12] con el mejor bistec del mundo. No más Marjorie. No más…

Mamá me devolvió a la realidad. “Si no empiezas a dormir bien, te llevaré al doctor y te pondremos alguna medicación.” No lo dice como una amenaza, más bien como una información.

Ni de coña… no quiero ser uno de esos críos con siete medicaciones diferentes para cada una de sus pequeñas desgracias. Quiero ser una adolescente normal que va a la escuela, tiene amigos, ve mucha televisión, habla por teléfono sin cesar, y hace planes para el futuro. No es mucho pedir, ¿verdad?

Giró su cabeza hacia mí. “Trata de dormir, cariño. Y recuerda decir tus oraciones.” Apagó la luz y cerró la puerta detrás de ella.

“Siempre lo hago.” Mamá es muy religiosa. No en plan “vivo para el señor”, pero es importante en la casa Moorehead. Lo respeto—y estoy de acuerdo--.

Lucho con las mantas hasta que las sábanas salen de debajo del colchón quedando libres, al igual que yo. La máquina de sonidos ambientales producía sonidos rítmicos a mi derecha. Era como una especie de silbido. Tengo que admitir que me estaba relajando. Tal vez funcionara. Me acosté boca abajo y me coloqué en mi posición favorita para dormír, con una mano bajo la almohada y la otra encima, abrazándola. Cerré los ojos, hice una de esas respiraciones profundas que a mamá tanto le gustan. Coger aire por la nariz, sacarlo por la boca. Eso lo aprendí cuando Marjorie y yo fuimos a unas clases de Yoga el pasado verano en Chicago. Coger aire por la nariz, sacarlo por la boca. Aspirar. Inspirar. Repetir.

Después de un largo tiempo de un rato de relajación, me sentía al límite de la conciencia. Oh, sí… “Dormir: tal vez soñar: sí, ahí está el obstáculo.[13]” (Me encanta Shakespeare, ¿qué puedo decir?). Estoy tumbada sobre mi suave almohada, respirando hondo intentando conseguir llegar a la fase REM, cuando oigo, y lo juro sobre un montón de Biblias, un susurro.

Estoy aquiiii.”

Abrí un ojo. “¿Quién está ahí?”

Estoy aquiiii.

“Kaitlin, si eres tú, voy a patearte el trasero,” la amenacé, mientras pensaba que la mocosa de mi hermana era, bueno, una mocosa. “¿Eres tú?”

Noooooooo…”

Vale, ¿qué demonios…? Los pelos de mis brazos se erizaron, a la vez que mi nivel de ansiedad. Me incorporé. “¿Quién está ahí?” repetí con firmeza.

Nada. Silencio. Exceptuando la máquina de sonidos ambientales.

Después de un minuto, mi corazón volvió a su supuesto ritmo normal. Me acosté de nuevo, me sentía ridícula. Estaba segura de que era Kaitlin tratando de volverme loca.

Apoyada contra la almohada otra vez, volví a empezar con lo de coger aire por la nariz, sácarlo por la boca cuando volví a oír el susurro.

Estoy aquiiii.”

Con un movimiento brusco, encendí la luz de la lámpara. “¡Mira! ¡Te estás pasando!”

Miré por toda la habitación, y no había nadie. Ni rastro de Kaitlin. Ni de mamá. Solo mi gran oso de peluche, Sonoma, sentado en la mecedora al lado de mi cama. . Tal vez si subo el volumen, no volveré a oír el susurro –probablemente sea la televisión de la habitación de papá y mamá--.

Justo cuando subí el volumen lo volví a oír.

“¿Estas escuchándomeeeeeeeee?”

Me quité las mantas y me incorporé muy tiesa. Algo frío recorrió mi piel, creando pequeños surcos en mi sudado brazo. El pelo de mi cuello se erizó.

¡Madre mía! ¡El susurro viene de la máquina de sonidos ambientales! ¿Es una broma?

¿Qué estás aquí? ¡Pues yo me largo!


[1] Empresa de reparto.


[2] Medicamento contra el dolor.


[3] Aeropuertos de Chicago.


[4] Marca de ropa y mantas para el invierno.


[5] Medicamento contra la inflamación y el dolor.


[6] Juego de palabras con la canción Somnambulist del DJ Brian Transeau.


[7] Un servicio de internet.


[8] Supermercado.


[9] Atlanta


[10] Son equipos de beisbol


[11] Famoso rascacielos de Chicago que se encuentra entre los más altos del mundo.


[12] Famoso restaurante con platos exclusivos.


[13] Verso de Ser o no ser de la famosa obra de Hamlet



FIN
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Capítulo 1 (traducido por Beauty)
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